11 abr. 2012

Hasta la victoria, siempre


El ciberespacio se ha venido presentando como escenario aterritorial donde el usuario era el rey, o al menos eso se ha vendido desde algunos sectores. Sin embargo, hemos comentado en otras ocasiones como esta libertad es muy relativa y que Internet, en tanto en cuanto es un medio de comunicación en manos de corporaciones mediáticas, ha sufrido y sufre censuras selectivas. Los medios occidentales gustan de publicar noticias al respecto cuando se trata de China, Corea o del mundo árabe. Sin embargo, cuando la censura se produce en occidente, la noticia se llena de matices. En España la primera acción política destinada a controlar los contenidos de páginas webs vino de la mano de la polémica ley sinde, inicialmente puesta en pie por Zapatero y rechazada por Rajoy en la oposición, y finalmente alabada por el mandatario pp-ista. Una fuerte oposición ciudadana alegó, entre otros motivos, que la aleatoriedad de la norma podría dar opción al gobierno a iniciar una caza de brujas y atacar a webs con contenidos no afines con la ideología gobernante.

Efectivamente, en política es más difícil dar el primer paso que los posteriores, sobre todo cuando se trata de iniciar posiciones controvertidas. Por ello tras un primer intento de censura sobre la red, los siguientes que lleguen no causarán una sorpresa, ya que se asentarán sobre un precedente. El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha avanzado hoy en el Congreso de los Diputados que se incluirá como "delito de integración en organización criminal" alterar "gravemente el orden público" y concertar concentraciones violentas por cualquier medio de comunicación como Internet y las redes sociales. Igualmente es delito la resistencia pasiva en la propuesta p-popular. Si miramos atrás  y reflexionamos sobre los hechos acaecidos en los últimos meses, en el punto de mira de esta reforma legislativa está eliminar en su origen los posibles movimientos de protesta a imagen de los que conmovieron los cimientos sociales del mundo árabe a comienzos de 2012, con fuertes réplicas en Europa: movimiento 15-M en España o generación a rasca en Portugal.

Dice la sabiduría popular que siempre nos quedará el derecho a la pataleta, pero parece ser que los políticos del siglo XXI, alejados de las corrientes humanistas y condicionados por intereses mercantilistas, pretenden  incluso prohibir esa pequeña vía de escape y atar los cabos para un cambio de rumbo, donde en vez de trabajar con máquinas, trabajemos como máquinas. Todo ello en un día en que el FMI “alerta” del riesgo de que la gente viva más de lo esperado...

alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

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