17 may. 2018

De la fake news a la desidious news

El mes pasado Jordi Soler escribía  ‘Fake news’ y credulidad en la Tribuna del País.  y comenzaba atacando a las redes sociales   -a pesar de lo etéreo y poco consistente del concepto en sí- como si una herramienta tecnológica pudiera ser la culpable del uso que de ellas damos. Soler afirmaba que...
"Cada vez con más frecuencia pensamos con una trama de datos e ideas facilitados por las redes. Creemos cualquier cosa que se presente con cierta contundencia; somos la población más informada de la historia, pero también la más vulnerable"

Pero  la premisa de partida es cierta sólo en parte, pues las redes como tal no pueden ser malas per se,  ya que esta adjetivación se produciría sobre el fenómeno humano, no sobre el tecnológico. Internet, paradigma de la sociedad de la información, es también una potencial fuente de desinformación pues no deja de ser una plataforma tecnológica potenciadora de la comunicación. Es decir,  una elemento capaz de potenciar  y amplificar el mensaje que genera un factor de multiplicación sobre la difusión de las ideas, independientemente de la pertinencia o impertinencia de estas. Pero el fenómeno fake news está de moda, y es difícil retraerse de mencionarlo en cualquier contexto, al igual que ocurre con la deep web, el big data o la minería de datos.

Sin embargo, y lo hemos tratado en más de una ocasión, no sólo las redes sociales se ven expuestas a este perverso efecto manipulador, ya que  la prensa convencional, de manera intencionada, por desidia o por dejadez, también se ve expuesta a la difusión de noticias falsas y malintencionadas. En su afán de mostrar la última información antes que la competencia, los medios "de toda la vida" ofrecen noticias sin contrastar, lo que le lleva a desinformar con más frecuencia de la deseada. Así, Antena3tv  utilizó  y dio por buena una búsqueda en Facebook para ilustrar una macabra noticia en la que un hombre fue asesinado en  su vehículo. El periodista de turno, actuando como un despreocupado internauta, no cotejó la información obtenida tras una mala búsqueda, colocando la foto de un usuario cuyo nombre y apellido tenía alguna similitud con la del asesinado (ojo, ni siquiera era el mismo nombre y apellidos, sólo había una cierta coincidencia) generando cierta inquietud entre el círculo próximo del anónimo internauta que se  inquietó ante la posible muerte de su amigo, tal como había afirmado Antena 3. Por lo tanto, no sólo estamos expuestos a la desinformación al navegar por un océano de  tuits -que también-, sino que  corremos el mismo peligro cuando miramos el televisor o cuando compramos un periódico.
alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

16 may. 2018

El dilema de Zuckerberg

 Las páginas sociales no existen. Son vórtices de absorción de datos. Hace unos años se puso de moda un aforismo que afirmaba que si un producto es gratis el producto es el usuario; pero la semana pasada  L'Obs publicaba "le dilemme de Zuckerberg" en la que un ingeniero de FB afirmaba que  "si se supiera todo lo que sabemos de nuestros usuarios estarían aterrados". Por otra parte, hace unas semanas tratábamos en este blog los comentarios del gurú del 'big data' Martin Hilbert cuando afirmaba que Facebook sabe más de cada usuario  con 250 likes que el propio usuario. En resumen, un sitio web no ofrece recursos gratuitos: o nos ofrece publicidad a cambio o le ofrecemos nuestra intimidad o bien ambas cosas. Y cuando estos espacios adquieren dimensiones globales, con millones de usuarios, la cantidad de datos personales que llegan a almacenar es suficiente para hacer temblar los cimientos de la humanidad. Y no exageramos, basta con reflexionar sobres la consecuencias del terremoto de Cambridge Analytica 

Change no se queda atrás pero ataca a otro nicho de mercado: el de la solidaridad. Con la excusa de campañas solidarias y recogidas de firmas de apoyo, Change obtiene datos de los usuarios que  vende a posteriori. Como usuarios no nos queda más remedio que estar en constante alerta ante la incesante  capacidad de este tipo de empresas para camuflarse y reinventarse para apresar datos personales de sus usuarios. El peligro no está sólo en seres siniestros ocultos tras su pantalla dispuestos a robar los datos de de nuestra tarjeta bancaria, escondidos tras las lasas legislaciones de algunos lejanos países, el peligro también está en sociedades  registradas en Delaware. A fin de cuentas todo es minería de datos, y aquella empresa que mejor sepa extraerlos y venderlos, más éxito en el globalizado mercado digital. 
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 alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

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