31 ago. 2014

El poder de un buen hashtag


Está claro que la imagen digital es muy importante, pero cuando esa imagen se establece sobre un pilar tangible, sin duda que el fenómeno se enriquece debido a la doble dimisión del fenómeno. Sin embargo, es necesaria una sinergia entre ambas vertientes para que un personaje, escenario o evento se abran paso en la sociedad digital. Eso ha sido lo que le ha ocurrido, sin haberlo pensado, a Carmen Aznar (@AznbenM), una modesta usuaria de Twitter que apenas unos días ha pasado de tener poco más de cien seguidores a más de diez mil ¿Cómo ha sido eso? Involuntaria protagonista de la vuelta de la Supercopa de España entre Atlético y Real Madrid en el Vicente Calderón, cuando el entrenador del Atlético fue expulsado y en su destierro se ubicó en la parte inferior de las gradas, la joven apareció en varios planos televisivos tras Simeone. 

Algún avispado twittero inmortalizó la imagen de la joven, acompañándola del hashtag #ladedetrasdesimeone, que en poco tiempo se convirtió en Trending topic. Rápidamente otros tuiteros se hicieron eco del asunto: algunos se limitaron a redifundirlo, otros buscaron más allá, cargando armas sobre el machismo y otras plagas sociales. Sea como fuera, Carmen ha recibido ofertas de radio y televisión, afirmando que todo es una locura, aunque a buen seguro, no se parapetará tras posturas feministas a la hora de firmar un contrato a provechando su momento de fama y gloria gracias a las redes sociales.

Sin duda, a esto es a lo que se le llama   #EstarEnElMomentoJustoEnLugarApropiado
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ciberantropólogo

12 ago. 2014

Amores encadenados, amores enredados, #lovewithoutlocks

 La tradición de los «candados del amor» surgió en Pécs (Hungría), probablemente en el siglo XIX. En aquella época, los soldados de guarnición en la ciudad dejaban atado como recuerdo el candado que cerraba el armario de su habitación. Sin embargo, desde hace ya unos años, se ha venido rescatando en todo el mundo la costumbre de  colocar  candados en puentes esta vez para conmemorar fechas románticas. En algunos casos, esto llega a ser un problema, pues cuando recuerdos y promesas se amontonan, el peso de los candados puede poner en peligro las infraestructuras urbanas, como ocurrió hace poco en el puente  des Arts de Paris, donde esta primavera una de las barandas de protección sucumbió ante tan amor.

Ante esta problemática, el ayuntamiento la capital francesa, donde la moda llegó en 2008, ha puesto este lunes en marcha una iniciativa para sustituir por selfies los candados del amor que los turistas colocan en los puentes. Unas pegatinas colocadas en las zonas estratégicas invita a los enamorados a mostrar su amor de manera digital, haciéndose una foto para que posteriormente la suban a twitter con el el hashtag #lovewithoutlocks, y que al mismo tiempo aparecerán en la web oficial del consistorio parisino  (http://lovewithoutlocks.paris.fr). Esperan que con esta iniciativa, más ecológica y económica, los visitantes de la ciudad del amor puedan dejar su impronta tanto en la ciudad como en el ciberespacio, sin poner en peligro el patrimonio fluvial.
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ciberantropólogo

3 ago. 2014

¿Tecnologías para homogeneizar o tecnologías para diferenciar?

 Los luddistas eran un colectivo de obreros que, capitaneados por un mítico y legendario Ned Ludd, se oponían al desarrollo que traía la floreciente revolución industrial. El ludismo representaba las protestas de los obreros contra las industrias por los despidos y los bajos salarios ocasionados por la introducción de las máquinas. Estas revueltas eran desorganizadas y los obreros atentaban contra las máquinas destruyéndolas. 

Con el paso del tiempo, se ha visto como la consolidación de la industrialización ha aportado mejoras en la calidad de vida de las sociedades occidentales, aunque no sirvió para disminuir las diferencias entre los estratos sociales, sino que incluso ha servido para acrecentarla, extremo este comprobable si comparan los salarios en los diferentes países con las fortunas de los ciudadanos más ricos del planeta. 

Sin embargo, el factor económico no es el único ni el más preocupante. En 1984, Georges Orwell nos presenta una sociedad donde la humanidad funciona de manera mecánica controlada por un súper dispositivo capaz de saber qué hace cada ciudadano en cada momento. El mundo del cine también plantea este tipo de distopías en sociedades  postapocalípticas. En In Time o Elysium corporaciones en manos de acaudalados ciudadanos dominan el planeta y al resto de la humanidad en una cruel y asimétrica relación al poseer una tecnología punta que se lo permite. En  Matrix son las propias máquinas las que dominan a los humanos convertidos en meras baterías.

¿Estamos lejos de llegar a estas situaciones? Sin duda la tecnificación facilita las tareas en cualquier campo. Sin embargo, esto no quiere decir que quienes tengan los medios técnicos compartan sus beneficios con el resto de sus congéneres. La historia de la humanidad, con altibajos, se ha caracterizado más por la discrepancia y la disputa que por la colaboración. Los avances técnicos tienen un mecenas que es quien permite al científico desarrollar su investigación. Pero los mecenas no exponen su capital de manera altruista. De hecho vemos como más de la mitad de la humanidad no tiene acceso a agua potable, alimentación o sanidad básica, incluso si estos servicios serían del todo viables con una conciencia planetaria global. Según  Intermon Oxfam casi la mitad de la riqueza mundial está en manos de sólo el 1% de la población y la mitad más pobre de la población mundial posee la misma riqueza que las 85 personas más ricas del mundo. 

Las tecnologías no siempre son motor de cambio y desarrollo, sino que cada vez más van a ir generando sociedades altamente tecnificadas pero extremadamente polarizadas. No existe conciencia de especie, pero no solo entre ese 1% inmensamente rico. Pocos son los consumidores que se preguntan a costa de la salud o la vida de quién pueden adquirir ciertos bienes, como tecnología, joyas o energía. Tal vez no lleguemos a los extremos distópicos que hemos citado anteriormente, pero sí nos dirigimos hacía una humanidad dividida en la que, cada vez más, muchos trabajaran  para el bienestar de las élites.
alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

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