14 may. 2017

..y Google perdió Eurovisión

Este festival de Eurovisión partía con dos premisas interesantes: por un lado la participación de un país que se encuentra en lado opuesto del planeta ¿Qué pintaba Australia en este evento?  y por otro las predicciones lanzadas por Google unos días antes No podemos negar que Google es la más importante fuente de información de nuestros días. Pero lo que estaba en juego era si, uno de los cuatro magnates de la sociedad de la información, con toda la red a sus pies, sería capaz de manejar la información extraída del bigdata par hacer un pronóstico fiable sobre un evento  ubicado en el futuro inmediato. Y es que a toro pasado es muy fácil opinar, pero anticipar los resultados de este tipo de eventos, tiene más dificultad de la que a priori barajaron en el equipo de Maarten Lambrechts en el Google News Lab. 

El posible ganador, Francia, realmente ha quedado en 6ª posición, mientras que Portugal, a la que la predicción de Google lanzaba a la quinta posición, ha resultado ganadora con más del doble de los votos estimados. Portugal gana, y Google, y el representante español, son los perdedores de la noche. Y mientras que  preparamos un post sobre la importancia de las unidades geopolíticas y su importancia como generadores de identidades colectivas, podemos reflexionar hoy sobre la dificultad que entraña la interpretación del océano de datos de que todos formamos parte.
alfonsovazquez.com 
ciberantropólogo

7 may. 2017

Aerotaxis frente a pirómanos; el duro camino de las economías digitales

Desde hace unos meses la prensa se ha hecho eco del enfrentamiento entre los sistemas convencionales de gestión de transporte por carretera y las nuevas tendencias como Uber, Blablacar o Amovens. Taxistas y empresas de autobuses se rasgan las vestiduras contra estos nuevos sistema de consumo de desplazamientos. Con un pensamiento tradicional, sobre la mesa podrían ponerse una serie de argumentos como el pago de impuestos y la regulación legal. Sin embargo, muchas de estas normativas no dejan de ser incongruencias en un sistema económico postindustrial del siglo XXI. Por ejemplo, no es comprensible el sistema de funcionamiento de taxis y el excesivo proteccionismo a la hora de autorizar licencias de funcionamiento. 

Por otra parte, nos hallamos inmersos en una economía digital y esta es un verdad irrebatible. El podio del ránking de las 100 mayores empresas del mundo por capitalización bursátil no admite discusión: el rey geográfico es Estados Unidos y la tecnología es su sector soberano. 56 empresas del top 100 del planeta tienen bandera norteamericana y 16 (24 si se amplía el abanico a firmas de telecomunicaciones) llevan el sello tecnológico.   El caso Apple o Amazon se puede comprender desde un punto de vista tradicional. Sin embargo, Google o Facebook escapan a esta perspectiva, pues su riqueza y su valor se fundamentan sobre una serie de pilares intangibles.

Así pues, teniendo en cuenta los pilares de la economía de la información y su importancia en sociedades modernas,  es del todo incomprensible y no tiene cabida en una economía de libre mercado el mantenimiento de los privilegios del taxi,  un sistema de hermandades con un complicado código de acceso (al igual que ocurre en otros campos, como la farmacia, los expendedores de tabaco). Sin embargo lo que nos trae hasta la reflexión en el día de hoy es el cambio conceptual de una economía industrial frente al la concepción social de una economía digital o del conocimiento. Mientras los taxistas se aferran a sus derechos cuasi medievales de obtención y transmisión de licencias de explotación del servicio, empresas jóvenes, innovadoras y con una clara proyección global están planeando el control de transporte urbano en ciudades como Dubái a través del uso de aerotaxis. Es decir, que mientras los pensamientos más tradicionales en Europa pretenden perpetuar aquello que no tiene sentido, sin importar los medios, Uber invierte y lucha por innovar en proyectos que a día de hoy solamente caben en la cabeza de los visionarios.

alfonsovazquez.com 
ciberantropólogo



4 may. 2017

¿Existe la vida después de internet?

El día 3 de mayo nos queda dos sucesos de importancia global acaecidos en nuestra sociedad red. Por una parte un ataque masivo contra uno de los servicios de información más populares del mundo cómo es Gmail. A pesar del poco ingenio que pueda resultar del concepto mismo de la estafa por phishing, una técnica rudimentaria y archiconocida, millones de usuarios de la popular cuenta de acceso al mundo de la identidad digital han cedido su contraseña de manera ingenua. Da igual la información disponible en internet o los avisos sobre privacidad y protección de datos que instituciones y usuarios avanzados lleven a cabo en la red, porque a pesar de esos esfuerzos siempre quedarán pillos dispuestos a lanzar el anzuelo y siempre quedarán incautos que picarán.

Por otra parte whatsapp sufrió una caída que conmocionó a usuarios de todo el mundo. Medios de comunicación convencionales y redes sociales alzaron la voz de alerta. En un momento social donde la hipercomunicación es un valor de primer orden, la falta de la misma puede provocar una situación de estres en usuarios acostumbrados a una respuesta inmediata.

Sin embargo, nos quedamos con un punto para la reflexión como es la dependencia de los usuarios frente a este tipo de tecnologías ¿estamos preparados para vivir sin internet? ¿Somos capaces de eliminar nuestro nivel de dependencia? Y quizá más importante que lo anterior ¿Realmente necesitamos una conexión ubícua y constante?
alfonsovazquez.com 
ciberantropólogo

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