10 may. 2013

Olvido y memoria digital

Al reescribir la historia, siempre surgen dudas e interpretaciones. Hay datos que se obvian, documentos que se trasconejan y las conversaciones no quedan registradas fehacientemente. Las palabras se las lleva el viento en el día a día y, a fortiori, con el paso del tiempo. Sin embargo los registros digitales quedan expuestos al dominio público por siempre – si es que se puede hablar de eternidad en una tecnología que lleva menos de dos décadas en nuestros hogares-.
El rastro de nuestras acciones en la red queda grabado y está disponible para quien sepa localizarlo. Nuestro currículo, nuestros hobbies, las fotos de nuestras vacaciones, nuestras opiniones en un blog… Todo está accesible para quien sepa buscarlo. En Facebook no basta con eliminar la cuenta para que desaparezcan nuestras aportaciones, habría que ir haciéndolo manualmente. Tarea harto difícil para un usuario, incluso poco activo, que haya hecho una aportación cada dos o tres días a lo largo de un año o dos.
A nuestras aportaciones habría que sumar las interacciones en las que somos citados por terceras personas. Pero también hay tener en cuenta aquellas que nos preceden y contra las que no podemos luchar: las multas que aparecen en los boletines oficiales, las cámaras IP que hay en zonas públicas… Por ello, incluso sin tener cuentas en redes sociales, parte de nuestra está expuesta en la red. Poco se puede hacer contra ello, excepto aceptarlo y comprender que estamos en una sociedad que depende de la tecnología digital y que explota sus posibilidades.   

alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

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