28 may. 2017

La muerte como única realidad

La muerte es injusta y nos sacude cuando menos lo esperamos. Esta semana los medios de comunicación se han hecho eco de ella en diversas noticias. Iniciábamos las semana con un atentado en Manchester. Un individuo aducido por una nueva forma de crear terror, acababa con la vida de una veintena de jóvenes a la salida de un concierto. Tras el deleznable acto, múltiples teorías condenaban o justificaban la acción: desde la perversa maldad de un occidente que debe redimir su pena con la muerte de sus ciudadanos hasta el choque de civilizaciones que interpretan el consumo del ocio de una manera radicalmente opuesto.

Frente a la lucha entre concepciones globales antagonistas, también nos hemos encontrado con el homicidio individual y anónimo, por el simple hecho de que matar, sin las limitaciones éticas basadas en normas de convivencia, es sencillo.  Un joven de 18 años, recriminado por cometer una infracción al volante, bajó de su coche y, ante la mirada de su acompañante, golpeó y provocó la muerte a un anciano de 81 que se desplazaba con muletas.Tras la fechoría, huyó del lugar dejando a su victima en el suelo. En este caso, la justicia  se limitará a divagar si es homicidio o asesinato, y si la muerte la provocó el propio puñetazo o el posterior golpe en el suelo, como si una u otra alternativa cambiarán el desenlace.

La actitud de ambos asesinos -presuntos asesinos en una sintaxis de lo políticamente correcto- ha sido tan diferente como próxima: sesgar vida ajena con posterior huida. Como triste reflexión de este domingo, podríamos preguntarnos ¿cuánto vale la vida humana? ¿Qué pasa por la cabeza de una persona antes de asesinar a sangre fría? 
alfonsovazquez.com 
ciberantropólogo 

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