13 jun. 2020

Datos, datos, datos... el cotilleo mueve el mundo.

No es la primera vez que hemos hablado de la frágil frontera que se establece en internet entre las esferas privadas y públicas. Sin necesidad de complejos logaritmos que sean capaces de extraer información íntima o de establecer complejos análisis y perfiles psicológicos el usuario cede montañas de datos que, convenientemente tratados, ofrecen una información muy valiosa a quien sepa analizarla. Por eso, por más leyes o mecanismos de control que los gobiernos impongan, la tecnología de la comunicación digital desbordará cualquier intento determinista, la red es el salvaje oeste del siglo XXI donde la datacracia, el poder por la obtención, uso y manipulación de datos   establece reglas planetarias ante  las que usuarios y legisladores  poco tienen que hacer: los usuarios quieren hablar y los magnates de la información están dispuestos a escuchar: una escucha activa para conocernos mejor y vendernos más. ¿Ilegal? en absoluto ¿ético? depende de para qué.

El ser humano necesita hablar, es por propia esencia fabricante de relatos. Diversas teorías del aprendizaje destacan esta dimensión como motor de adquisición de conocimiento.  Y una segunda característica que caracteriza a los animales gregarios es la necesidad de comunidad, pues el grupo da un alcacce extraordinario y hace que la agrupación sea más poderosa que la suma de todos sus miembros. Comunicar y comunidad hacen que, en humanos, el cotilleo adquiera un rol especial,  donde lo insustancial se reviste de un poder adhesivo.  Estamos dispuestos a contar cualquier intimidad porque siempre hay quien está dispuesto a escuchar cualquier banalidad. Pero al mismo tiempo nos llevamos las manos a al cabeza por la protección  datos e inventamos maquiavélicas estratagemas con las  que  nos sentimos espiados: no hace falta, somos transparentes. Nos gusta crear y consumir historias. Y nos conformamos con aquello de que la "redes sociales dan voz a miles de idiotas" que decía Eco: hasta la prensa "seria" se hace eco de estos caos con el fin de conseguir un tutiular que capte la atención.
alfonsovazquez.com
  ciberantropólogo

No conozco el origen de las fotos, una esta sacada de aquí y la otras de aquí.

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