8 ene. 2014

¿Por qué el PISA pisa a España?

Cada vez que el polémico informe PISA ve la luz, prensa de uno y otro color se rasgan las vestiduras y aprovechan la coyuntura para desparramar veneno sobre el sistema escolar (sobre el público, normalmente) o sobre el partido no afín. Rara vez profundizan en razones, y su táctica está más próxima al aforismo "ofende, que algo queda". Hasta ahora parece que ningún grupo de opinión se ha planteado si debe ser la OCDE, una institución puramente de corte económico e industrial, la más indicada para llevar a cabo este tipo de estudios. Tampoco nadie se ha planteado la opción de que Spain is different es un factor de mucho peso. No está claro que seamos Europa pero sí es cierto que los Pirineos son una barrera mucho más infranqueable que el estrecho de Gibraltar. 

Para bien o para mal somos diferentes. Y si culturalmente no somos iguales, la escuela, que es un sub-sistema social, no va a ser la excepción. De hecho, sociólogos como Bourdieu ya denunciaron esta función reproductora del sistema educativo. Pero si nuestros escolares fallan, no todo se debe a la escuela. La escuela se ha convertido en un paño de lágrimas y los docentes españoles deben  cumplir funciones de enseñantes, padres, enfermeros, asistentes, amigos, psicólogos... La escuela ya no solo enseña, sino que educa en el sentido más amplio de la palabra. Pero junto a ella, existen una serie de elementos educadores subsidiarios, como la televisión, la publicidad y el propio entorno. La sociedad en sí que encultura al individuo y lo prepara con afán continuista. El cambio que pueda llegar a través de la escuela es lento, y a veces llega a lo largo de varias generaciones. Por ello, lo que se vive fuera del aula impregna más que lo que se aprende dentro. 

De poco vale intentar enseñar en el pasado glorioso del siglo de oro si en las librerías del siglo XXI arrasa el libro que en su portada lleva la foto de Belén Esteban. De poco vale que se enseñe música en las aulas si el disco más vendido es el de Kiko Rivera. De poco vale hablar de esfuerzo si los modelos de éxito que vomita la televisión son los canis de gran hermano y realitys al uso. De poco vale hablar de honestidad cuando la corrupción es el gran cáncer de la clase política y hasta el entorno del rey Juan Carlos está implicado hasta las trancas. Pero lo peor es que estos valores no solo se ven en personajes lejanos. De poco vale intentar inculcar educación vial cuando a la salida del cole legiones de padres irresponsables creando un caos circulatorio a diario. De poco vale intentar educar en civismo cuando de camino a casa ven decenas de ejemplo de lo que no se debería hacer. Y de poco vale esforzarse en educar a las nuevas generaciones cuando tanto desde casa como desde los propios medios de comunicación se trata de desprestigiar al cuerpo docente.

Quizá tengamos lo que nos merecemos. Quizá tenga razón el informe PISA.  Pero quizá sería más interesante y fructífero que esa evaluación se hiciera a los adultos, a la propia sociedad. Tal vez escucharíamos muchas conclusiones que no nos gustarían en absoluto. 
alfonsovazquez.com
ciberantropólogo 

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