25 ene. 2012

Descargar o compartir. Redes ciudadanas o gestionadas por magnates.

Tercera entrada sobre el trendtoping de la semana, incluso del mes si se quiere: el cierre de Megaupload. Pero vamos a reflexionar sobre la comodidad que busca el usuario, y como a raíz de ella los hábitos se van modificando. 

Y es que el intercambio de contenidos es cosa que viene de antiguo. Desde siempre se han compartido libros, que se intercambiaban con amigos y familiares una vez leídos. Incluso con desconocidos, como en la iniciativa bookcrossing, en la que se dejaba a criterio del que tomaba el libro dejar uno a cambio en el mismo lugar para que otra persona lo disfrutara. Un medio ecológico y multiplicador de cultura, si bien al mercado no le resultara interesante, como no le interesa ninguna iniciativa ciudadana que pueda poner en cuestión sus estructuras de privilegios. Con la música pasaba algo parecido: una persona compraba un disco y otra otro, ambos intercambiaban sus discos y obtenían una copia en cassette. 

Sin embargo, con la llegada de los ordenadores domésticos y los mecanismos de reproducción digital, todo este proceso cooperativo se haría más sencillo. Podemos establecer una metáfora con el escrito de G. B. Shaw cuando afirma que “si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana, e intercambiamos manzanas, entonces tanto tú como yo seguimos teniendo una manzana. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea, e intercambiamos ideas, entonces ambos tenemos dos ideas”. 

La reproducción digital permite obtener instantáneamente duplicidades exactas de una fuente y un tratamiento y un transporte inmediato. Cuando las redes no estaban tan extendidas el intercambio se realizaba en discos ópticos o cd’s. Cuando Internet comenzó a entrar en los hogares, el proceso se sobredimensionó. Napster,  desarrollada por Sean Parker en 1998, era una aplicación que una vez instalada en el ordenador, permitía compartir ficheros entre usuarios. Cuando fue denunciada y cayó, una nueva dimensión se había iniciado y ya no habría marcha atrás y programas como Emule o Ares tomaron el relevo. Todo era sencillo, cada usuario tenía una carpeta de compartidos en su ordenador y cualquier otros cuyos resultados de búsqueda se aproximaran, podría tener acceso a estos datos. 

Megaupload y otros espacios de almacenamiento online vinieron a facilitar el proceso. Entre otros usos, los usuarios comenzaron a albergar material audiovisual y de texto que era presentado desde blog o compartidos por enlaces, acelerando el proceso. Ya no era necesario hacer búsquedas en la mula; la web lo ofrecía todo, sin necesidad de esperar a que el usuario que tenía el libro que queríamos estuviera conectado. Ahora estaba en la red a tiempo completo. Megaupload nos hizo más perezosos. Nos ofrecía de manera sencilla lo que antes teníamos que buscar. Pero fue otro paso más, igual que Napster en su día. Megaupload se fue, pero vendrán otras. Y esperemos que los proyectos venideros confíen de nuevo en poder de las redes ciudadanas, en vez de servir para llenar el bolsillo del lado B de la red.

alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo preocupante no es no poder descargar una canción ¿quién la quiere?. Lo preocupante es el insulto a la inteligencia de esta medida.

Si se proponen algo lo hacen.

Ciudadanos de todo el mundo deberían advertir que la libertad no existe, que el significado de justicia es difuso, que estamos absolutamente restringidos a una pequeñísima capacidad de maniobra, que bajo estas circunstancias somos meros títeres.

Ciudadanos de todo el mundo, por cientos de motivos, que persiguen fines similares a este, deberíamos reaccionar.

Apuesto a que cada vez seremos más esclavos, más miserables y vestiremos de prada.

Alberto Ledo. Notrec.

VJ es "El Tronko Torzido" dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
VJ es "El Tronko Torzido" dijo...

Creo que el caso de Megaupload es muy diferente a los de Napster y otros sistemas P2P de intercambio.
Napster era un sistema gratuito de intercambio entre usuarios, ésa era una verdadera red ciudadana. En su tiempo llegó Ares, Kazaa y Emule a sustituirlo. Pero Megaupload fue un caso diferente: Era una página que se enriquecía descaradamente con el intercambio no autorizado de los autores. Es evidente que el sistema de Copyright no funciona ya y que un nuevo modelo económico en las industrias culturales es urgente, pero el caso de Megaupload no es la historia de una lucha, si no del aprovechamiento de ésta misma "pereza" a la hora de el intercambio cultural. La misma cuestión sucedió cuando Cuevana fue cerrada: ¿Merecía cerrarse? La respuesta es sí, porque el intercambio cultural, si no ofrece beneficios a los autores creadores del "producto", menos tiene que generar beneficios a quiénes lo distribuyen. Ése es el papel de un publicista mercadotécnico, el de un intermediario entre que un producto sea conocido y demandado y el que otro no. Precisamente, estos "intermediarios" son los que han hecho muy difícil la reducción de costos en productos de este tipo: vuelven perezoso al usuario y se convierten en medios indispensables para que un producto cultural triunfe y pueda seguir desenvolviéndose.
Es el mismo caso con los videojuegos: 40% de las ganancias totales se la llevan los publicistas y mercadólogos y aquí viene la pregunta: ¿Con el internet, una red de redes de información, dónde todo el conocimiento es posible y "no está monopolizado", es necesario publicistas?
La cuestión con Megaupload es que monopolizó (indirectamente) ése intercambio cultural y se enriqueció en el proceso. Una futura red de información totalmente demócrata estaría absuelta de éstos monopolios de intermediacion, es por eso que creo que el caso de Megaupload ha sido muy sobreestimado. Nadie, bajo ninguna circunstancia, tiene derecho a enriquecerse con el trabajo de otros, sea del tipo que sea.
Aunque en efecto, la satanización judicial que recibió el creador con 50 años de cárcel como pena es también un extremo al que jamás debemos llegar.

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