5 feb. 2014

Vigilancia Digital consentida


En uno de los post que utilizamos para resaltar los hechos más remarcables de 2014, analizábamos el impacto que habían tenido las declaraciones del ahora extrabajador de la NSA, Edward Snowden (Espionaje digital: la cloacas de la red, 20-12-14). Gobiernos, empresas y usuarios se llevaron las manos a la cabeza por sentirse observados. Contrasta esta indignación con la predisposición del usuario a utilizar aplicaciones que muestran su “intimidad” en abierto o ante un grupo más o menos extenso. Subir fotos o videos a diferentes comunidades como Facebook es una acción que una vez consumada escapa a nuestro control, pues un documento digital que sale de nuestro ordenador, pasa a ser de dominio público de manera inmediata. Visto de otra manera, exponemos nuestra intimidad a través de un pantalla ubicua y globalizada sobre la que no tenemos ningún tipo de control.

Además, con el auge de los smartphones, exponemos nuestras acciones a tiempo real si no somos consecuentes con las apps instaladas en nuestro dispositivo de comunicación. Facebook puede ir difundiendo nuestra posición geográfica si a nuestro móvil no le decimos lo contrario. Las aplicaciones de entrenamiento deportivo pueden mostrar, con más menos restricciones, nuestras pautas de comportamiento. Y con Whatsapp, la panacea de las comunicaciones personales, ofrecemos una clara postal sobre nuestra disponibilidad y nuestro horario de conexiones. De hecho, el doble check de esta app puede llegar a generar una obsesión casi enfermiza por el control de nuestros contactos.



alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

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