8 jun. 2014

Las economías colaborativas (

Hace unas semanas hablábamos de la cooperación digital cuando analizábamos la búsqueda del avión malasio desaparecido sin dejar rastro. En aquel caso, una empresa proporcionaba una tecnología a la que no todos los usuarios tendrían en otras condiciones, para aunar esfuerzos en una tarea solidaria.

Sin embargo no es nada nuevo que las empresas e instituciones han venido haciendo uso de la sabiduría colectiva para beneficio propio, a través de la práctica denominada  , en la que de  manera gratuita o mal pagada se recurría a la fuerza de la colectividad para obtener publicidad, generación de contenido, investigación y desarrollo. Es más fácil y barato lanzar un reto para que lo resuelvan millones de internautas a costa de un misero premio que pagar a una empresa externa o destinar esfuerzos de la misma compañía. Supongamos que una empresa de software genera un programa comercial que va a ser vendido. Para probarlo y buscar errores previos, cede a un grupo de usuarios la versión beta para que rastrean errores de programación y auditen gratuitamente el producto. A cambio de ser los primeros en probar el software, los usuarios (testers) hacen gratis el trabajo. El croudsourcing, que favorece de manera clara  a las empresas, es protegido y mimado, y ningún gobierno ha pensado ponerle trabas hasta ahora.

Por el contrario, el croudfunding no está tan bien visto. En este caso, un colectivo del ámbito que sea pide ayuda a la comunidad para cumplir un objetivo. A finales de la década de los 80, el grupo de rock Extremoduro vendía un vale a cambio de un futuro disco que grabarían. Cuando el producto fue una realidad, la banda entregó el resultado en forma de vinilo a sus promotores. Quizá sea uno de los primeros casos de croudfunding. Detrás han venido muchos más y, con el desarrollo de las redes sociales en Internet, se ha convertido en fenómeno bastante extendido. Hasta tal punto que el gobierno español está estudiando poner un gravamen a esta actividad, que no dejaba de ser una alternativa al crédito caro caro que dan los bancos a a la falta de él.

La protección del croudsourcing y las trabas al croudfunding son dos caras de la misma moneda, cuyo tema principal viene a ser el miedo al cambio de las reglas establecidas. Por una parte  se permite a instituciones y empresas consolidadas obtener beneficios de la comunidad a cambio de nada y por otra se impide o grava  esta práctica cuando es un actor emergente quien quiere beneficiarse de una práctica paralela. Si embargo, las economías cooperativas o colaborativas son una realidad, siempre han existido y ahora, con el apoyo de Internet, vuelven a cobrar importancia en un escenario global que nos permite mundializar nuestro proyecto.
alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

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