17 sept. 2016

Internet y Millenials ¿simbiosis, comensalismo o parasitismo?

Quienes han crecido con la red han sabido ver nuevas formas de mercado y nuevas vías de empleo en el mundo digital. Las generaciones Y (Millenials) y Z, o nativos digitales según el ideario prenskyano, han construido su semántica lógico-cultural rodeados de aparatos tecnológicos y conexión permanente a recursos digitales. Sin embargo, al contrario que George Siemens al afirmar que la tecnología es la ideología, desde aquí queremos apuntalar la crítica al  pensamiento de Prensky, pues disponer de una tecnología no quiere decir que todos los coetáneos se vean involucrados en su desarrollo de la misma. Fomentar el desarrollo crítico y reivindicativo de la persona es un requisito por encima de cualquier premisa tecnológica. Internet, paradójicamente,  no es un producto creado por Millenials. Los mercados no miran la fecha de nacimiento de los inversores y el poder económico no suele recaer en los más jóvenes. En cuanto a las fases de mercadeo, complejos equipos multidisciplinares se ocuparán de vender el producto, sea cual sea. Así, además de una dimensión  tecnológica apasionante y otra sociológica no menos fascinante, Internet es un producto de consumo que genera un lucro desmedido a las empresas que posibilitan su desarrollo y que a fin de cuentas, las podemos contar con los dedos de una mano. Así, parte de los triunfadores de la generación red, no todos, no dejan de ser productos de consumo creados en el espacios residuales del sistema, meros objetos más de este espacio mercantilizado como  podría haber remarcado Baudrillard al concebir que el ser humano es un elemento más al servicio del complejo sistema de consumo.

Essena O’Neill es un caso que ilustra la decepción cuando el éxito efímero que proporciona la red desparece. Este extremo sucede bien porque los consumidores eligen otro objeto de culto o bien, como ocurre con Essena, porque sencillamente la motivación  de la estrella digital de esfuma. A sus 18 años, ganaba miles de dólares como modelo en Instagram. El sueños de cualquier usuario de la red: hacer de su pasión una profesión, y muy bien remunerada. Sin embargo, de repente, la joven australiana borró 2000 fotos de su cuenta y cambió el estado de la misma a un desconsolado “Las redes sociales no son la vida real". Como explicación, anotó que "Sin darme cuenta, he pasado la mayor parte de mi adolescencia siendo adicta a las redes sociales, a la aprobación social, al estatus social y a mi apariencia física [...] Las redes sociales, especialmente del modo en que las he usado yo, no son reales. Es un sistema basado en la aprobación social, los me gusta, la validación con visitas, el éxito con los seguidores. Está perfectamente orquestado, un juicio ensimismado.”

La recompensa de la joven modelo no era nada desdeñables, 400 dólares por una foto cuando su cuenta tenía 150.000 seguidores, 2.000 cuando alcanzó el medio millón. A pesar de ello, perdió el interés en lo que había venido haciendo en lo últimos tiempos. Sin duda un caso extremo, poco habitual, pues lo normal es que  las estrellas del silicio desaparezcan  por olvido de sus audiencias, que es lo que hace que un perfil sea cotizado.

alfonsovazquez.com 
ciberantropólogo

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