7 sept. 2016

La guerra simbólica: ISIS vs Occidente

 
En los últimos días, algunas administraciones locales francesas se han tomado la justicia por su mano y han prohibido el uso del burkini en sus playas.  El Consejo de Estado Francés  se ha pronunciado rápidamente en contra. Y el tema no deja de ser complicado ¿se puede prohibir un símbolo religioso en país democrático? ¿Se debe permitir la ostentación de símbolos que en occidente pueden ser considerados denigrantes para la mujer pero que en la cultura originaria de las usuarias es moneda corriente? Sin duda, cuando hacemos referencia a lo simbólico, la diatriba puede adquirir una dimensión tal que la solución de la misma se aleje con cada argumento expuesto en uno sentido. Y fue un sociólogo francés, Pierre Bourdieu, quien describió esta violencia simbólica

 La guerra simbólica es una dimensión más de esta nueva forma de terror contante a la que nos vemos sometidos. Francia (liberté, égalité et fraternité) está en el punto de mira de una legión de tarados precisamente por eso, por los tres ideales contemplados en su divisa nacional. Y si el ISIS ha declarado la guerra a Francia (también a España, Italia EE.UU o Rusia, en uno de los últimos vídeos difundidos), Francia ha hecho lo mismo con el ISIS. Pero es una guerra intangible ¿Qué o quiénes son el ISIS? ¿La panda de barbudos malolientes que decapita y viola semejantes o los que desde despachos dirigen el juego exonerados de toda culpa por su corbata o por un turbante de seda? Ante la intangibilidad de esta nueva forma de guerra, la acción más palpable es la violencia simbólica. 

Si París se ve obligada a blindar sus símbolos de libertad (Marianne en la Place de la République o la Torre Eiffel) ante la amenaza yihaidista, de manera paralela el estado galo atacará una simbología que, de una u otra manera, su enemigo hace suya e impone en sus feudos. Por otra parte, no olvidemos que es un estado oficialmente laico cuyos orígenes, hace algo más de dos siglos, se basan ante la lucha contra el antiguo régimen, una estructura social desigual y polarizada, amparada por la iglesia católica. Es decir, no es de extrañar que un estado aconfesional luche con los símbolos religiosos foráneos en su espacio de influencia territorial cuando, precisamente, su aparición se debe a la lucha contra una religión opresiva -la católica, en aquel entonces- y que ese hecho marca el inicio del estado moderno.

 alfonsovazquez.com 
ciberantropólogo

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