2 ago. 2017

Estamos de rebajas: entren y consuman..

Hace ya 50 años que  Baudrillard nos habló de la liturgia del consumo y del culto que en la sociedad occidental ofrecemos al producto elaborado. Este culto forma parte de un complejo sistema en el cual nos vemos obligados a producir sin límite para consumir sin límite. Al analizar esta liturgia, se centró en la espiral en la que se había convertido tanto la producción como el propio hecho de consumir el producto elaborado. 

Este punto de partida ha lado lugar a una serie interminables de debates, como la desigual distribución de producción del consumo, la acumulación de capital, o la fagotizacion de los recursos naturales del planeta por parte de una pequeña población en un pequeño periodo de tiempo, hasta tal punto que en el día de hoy  se acaba el presupuesto económico de la Tierra  (según Global Footprint Network, la organización mundial y social de WWF que analiza la evolución de la huella ecológica del planeta). Es decir, que en poco más de medio año hemos consumido todos los recursos que el planeta produce en un año completo, situación que  produce, evidentemente, un inquietante déficit que, en el caso de que o sea cierto, estará marcando un punto sin retorno, como contaba hace un par de día el paleontólogo Eudald Carbonell

Volviendo al consumo y a la necesidad de comprar, Erich Fromm se pregunta ¿Por qué a los seres humanos contemporáneos les fascina comprar y consumir, y sin embargo sienten muy poco apego por lo que compran?” En la película El club de la lucha David Fincher  también reflexiona sobre este aspecto y nos lleva a la idea de si somos poseedores del objeto o es el objeto el que nos posee: "¿Entonces qué somos? Sólo somos consumidores. Exacto, el producto secundario de una obsesión con el nivel de vida.". Esta idea nace de la crítica de Baudrillard hacia el consumismo, y su análisis semiótico donde productor, producto y consumidor se sitúan en un mismo plano, y no dejan de ser elementos del mismo orden en el complejo análisis. Acostumbrado a consumir por encima de sus posibilidades es en esta época de rebajas cuando más se pone de manifiesto este comportamiento. Los centros comerciales nos invitan a visitarlos con atractivos y coloridos carteles. En esta invitación, es más que discutible quién es el producto, si el objeto o el consumidor. Un paseo por las capillas de los templos del consumo,  con sus etiquetas coloridas y rebajas a veces del todo imposible nos hacen pensar que realmente somos un elemento más de la cadena y que con el hecho de comprar ayudamos a mantenerlo. Esta sensación de pertenencia a un sistema puede llegar a contrastar con la realidad individual, ya que a veces ese consumo es la mera alegría de consumir, sensación de pertenencia a un sistema“¿Para qué la salida de emergencia a 10.000 metros de altura? Ilusión de seguridad.”


alfonsovazquez.com 
ciberantropólogo

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