En
los últimos tiempos los medios de comunicación han ido desvelando los turbios
negocios del sector financiero. Además de indignación por el desaguisado que
han creado tras años de especulación y usura desmedida se han mostrado las
compensaciones de sus ejecutivos, con unas cifras casi pornográficas
Exaltados
por la imagen de éxito proyectada por los magnates de la banca, miles de
ciudadanos y pequeños - a veces no tan pequeños- ahorradores se liaron la manta
a la cabeza y comenzaron a tomar el parqué, poniendo en juego sus capitales en
el oscuro mercado de valores. Algunos ganaron mucho, pero como el dinero no
desaparece, sino que cambia de manos, otros sufrieron importantes pérdidas.
Dando otra vuelta de rosca a la tuerca a la actividad especulativa, pensando en
que si Botín y compañía se forraban sin esfuerzo ellos también podrían hacerlo,
aparecen los inversores de bajo riesgo. Un grupo de crédulos usuarios que "creyeron" que una inversión en
variopintos sectores podría generarles importantes beneficios a corto plazo sin
arriesgar. Y así se han ido destapando en los últimos años fraudes económicos y
sistemas piramidales en los que se prometía a los incautos que, a cambio de comprar sellos de correo o
invertir en flanes y natillas, recibirían anualmente un montante de entre un 10
y un 20% del dinero puesto en juego, siempre sin arriesgar el capital invertido.
Vamos, que en cinco o seis años se habría ingresado en intereses la misma
cantidad que se invirtió, manteniendo la inversión inicial intacta y generando
más y más dinero.
Evidentemente,
no hay que ser un lumbreras de las finanzas como el señor Bárcenas para darse
cuenta a priori de que algo fallaba es esta hipótesis de partida: como el
dinero no crece en los árboles, nadie podría dar esos intereses en tan poco
tiempo gestionando en capital invertido en procesos honrados. Pero a pesar de
que previamente se destaparon estafas como la de Afinsa o la de la
"empresa familiar" de su santidad Ruiz Mateos, miles de inversores
metieron sus ahorros en productos altamente especulativos ofrecidos por Bankia.
Tras el derrumbe del castillo de naipes, estos inversores de batín y zapatilla
fueron rápidamente a reclamar indemnizaciones por sus pérdidas. Queda en el
aire comprobar si en caso de haber obtenido esos fabulosos beneficios los
hubiesen compartido con el resto de la ciudadanía, de igual manera que
acudieron a las arcas públicas a recuperar los capitales vertiginosamente
arriesgados en las preferentes.
alfonsovazquez.com
ciberantropólogo