
Recentrándonos en el tema, cualquier hijo de vecino que se sienta agredido u ofendido por un tercero tiene todo el derecho para acudir a un juzgado y denunciar a su presunto ofensor (a pesar de lo que digan los diez mandamientos, no estamos obligados a perdonar a nuestros ofensores) . Eso sí, el denunciante está obligado a presentar las pruebas que defiendan su tesis, y en caso contrario se puede enfrentar a una demanda por calumnias. Sin embargo la sgae goza de un extraño fuero que parece un privilegio medieval conservado desde tiempos inmemoriales: cuando ellos denuncian no tienen que demostrar nada, y es el acusado el que tiene que demostrar su inocencia.
Es decir, si eres denunciado por ramocín, él no tendrá que demostrar nada, su palabra irá a misa, mientras tú deberás estrujarte la sesera pare desmentir tal bellaquería, so pena de ser condenado a una fuerte multa, aunque estés disfrutando de una melodía compuesta en tu tiempo de ocio e interpretada a la flauta por tu sobrino. Así nos va en esta quema de brujas del siglo XXI: todo aquel que disienta o que no disfrute con salsa rosa u otros gallineros al uso estará en el punto de mira de la sgae.
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antropólogo
foto: El juicio final (el Bosco)
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foto: El juicio final (el Bosco)