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27 ene 2015

Magic is in the air

Nuestra atmósfera está llena de ondas: televisión, radio... Sobre su efecto en la salud se ha hablado mucho y hay diversas opiniones, hay escépticos y acérrimos. Parece que sí, otros estudios dicen que no... No está claro, pero de lo que no hay duda es que estamos rodeamos. Están en todas partes, en la calle, en los parques, en nuestras casas. Las ondas ocupan un espacio que nos pertenece a todos, y nadie se ha planteado si las empresas que se benefician de ellas deberían compensar al resto de ciudadanos, sobre todo a aquellos -pocos- que no hacen uso directo de ellas.

El caso es que estas ondas están en el aire y el espectro radioeléctrico no debería quedar al servicio de ninguna compañía. Es un recurso limitado y en una sociedad moderna, un agente tan importante como el agua. Por ello, puesto que todos padecemos y puesto que ondas y contenidos viajan impunemente por el aire  ¿sería lícito beneficiarse de estos contenidos al margen de los canales que las distribuidoras  han impuesto?

18 ene 2015

smart car

Se dice que si el campo de la automoción hubiera avanzado tanto como el de la informática, los coches podrían volar y funcionar casi sin combustible. Y es que sorprende que algunos sectores industriales hayan avanzado tanto mientras que el automóvil, conceptualmente, se encuentre aún tan cerca de sus orígenes. De hecho, hasta ahora ha sido un sector en el que las nuevas tecnologías han entrado más que discretamente, exceptuando algunos sistemas de navegación o de entretenimiento. 

Sin embargo, se hayan en periodo de experimentación los protocolos V2V (vehicle to vehicle), redes de comunicación que permitirán que nuestros vehículos gocen de una información a tiempo real de lo que sucede en su entorno próximo, facilitando la tarea del conductor. Aprovechando la tecnología wifi, los vehículos podrían compartir datos como la velocidad y la trayectoria, lo que permitirá reducir el número de colisiones. El mismo sistema permitirá optimizar trayectos o elaborar rutas alternativas a tiempo real. 

Pero es tarea complicada que los fabricantes de automóviles, conservadores por principio, se decidan en masa a incorporar estas tecnologías, a menos que algún marco legislativo los obligue a ello. Así que, como no, parece ser que Google será la primera compañía que se atreva a lanzar un smart car. Paradójicamente, no será una compañía automovilística la que revolucione el mundo del automóvil. Ya existen los primeros contactos con marcas  convencionales, como General Motors, Ford, Toyota, Daimler o Volkswagen, para hacer un vehículo que se conduzca solo. Los primeros prototipos ya han visto la luz y se prevé que para 2020 cualquiera podrá adquirir un vehículo de estas características. 

Sin embargo, nos encontramos con un obstáculo de primer orden: el legislativo ¿permitirán los gobiernos que este invento esté en tan sólo cinco años en nuestras carreteras? A priori parece un escollo de primer orden. El coche robótico no es un sueño. En Francia en los años 90 ya se diseñaron coches en modo experimental capaces de recorrer cientos de kilómetros respetando señales y al resto de usuarios de la vía pública. Pero de momento, sólo el estado norteamericano de Nevada permite que estos aparatos circulen por sus vías públicas desde que aprobó el 29 de junio de 2011 una ley que permite la operación de coches sin conductor.
alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

6 oct 2014

¿Proceso tecnológico es progreso social?

La sociología ha tratado tradicionalmente la cuestión del desarrollo frente al desarrollismo. Por ello, y siguiendo con la senda dialéctica abierta  acerca de las bonanzas y perjuicios generados por la tecnología y al hilo de lo expuesto en el anterior post ¿la tecnología nos hace libres?, hoy plantearemos un debate a cuatro. Es por ello que la estructura del post  diferirá de la habitual.

Las nuevas tecnologías, en sí mismas, podrían y deberían haber cambiado el rumbo de la historia hace mucho. No lo harán. Al hombre solo le interesa, siempre, el prisma económico. Ser un enfervorecido comprador y usuario de aquello que las multinacionales idean no es hacer un uso de las nuevas tecnologías al servicio del hombre, es cerrar el círculo de consumo. Un chip de algunos céntimos  puede hacer, sin despeinarse, cosas que hace pocos cientos de años costaron la vida de millones de personas. Por otro lado mente y materia serán una misma cosa y ahí comenzará la dominación si el hombre no ha conseguido pasar de ser usuario tecnológico a productor de servicios independientes y libres al servicio de la prosperidad.

Un exceso de confianza en los medios tecnológicos, sin las debidas precauciones, puede ser  una catástrofe. No es raro encontrar usuarios, profesionales o particulares, cuyos trabajos se han volatilizado en algún desplazamiento de bytes poco afortunado. Las mismas herramientas que han ayudado al creador, lo han fulminado,  motivo de un  exceso de confianza, pérdida de alerta o por  delegación de responsabilidad en un trozo de metal magnetizada o memoria volátil.

En plano personal y sentimental, también nos dejamos guiar por la celestina particular en la que se puede convertir nuestro ordenador. La intimidad e impersonalidad de la pantalla puede ser una ayuda para mostrar nuestro yo más íntimo e impersonal, aunque esto pueda parecer una antítesis. Confiamos más en facebook que en nuestras habilidades seductoras para ligar, y además nos da pereza buscar la compañer@ "perfecta" y  dejamos que meetic lo haga por nosotros.

Por otra parte,  la tecnología tiene innumerables ventajas: se produce un aumento de la producción y los resultados se obtienen con una mayor precisión. Todo ello, permite logros increíbles en campos como la medicina. En cambio, puede llevar consigo una pérdida de mano de obra, es decir, un aumento del paro. Además, aún hay quien es reticente a tratar con máquinas y prefieren aquellas empresas que utilizan el casi perdido " tú a tú". La tecnología ha facilitado nuestras vidas, pero nos ha vuelto más cómodos. Ahora se investiga menos y, frente a los rápidos cambios tecnológicos, nuestra inteligencia se va quedando más reducida. La mayoría de las veces no hemos asimilado un avance y ya se ha producido el siguiente. Se lanza al mercado un nuevo producto cuando aún no dominamos, y a veces ni conocemos,  el anterior.

Sin embargo, en oposición a lo anterior, hay quien  cuestiona que la tecnología per se sea generadora de paro, sino que más bien incita a la búsqueda de nuevas formulas. Nunca antes existió ninguna época en la que aparecieran tantas nuevas profesiones como ahora,  a la luz de las nuevas tecnologías. Los obreros de la planta de producción se desplazan a diferentes perfiles: ingeniero, programador, reparador, panelista, arquitecto de software, analista, pica código, administrador de sistemas, experto en seguridad, cadena de montaje, administrativos del producto, comerciales....  Lo que podemos resumir en antes: 100 obreros = 1 profesión; Ahora 100 obreros= 25 perfiles.

Por lo tanto, y a modo de resumen, la bondad de la tecnología es innegable: nos mejora, sin más. Nos ayuda, si somos capaces de asimilar su auxilio pero nos posee si no contamos con los recursos para asimilar la ayuda ofertada. Que haya quien se acomode y retroceda intelectualmente es una posibilidad que se ha dado en cualquier época. Al menos la tecnología dará respuesta a las mentes inquietas, y creemos no equivocarnos al decir que atraerá a algunas de las mentes perezosas al ámbito cultural, por el atractivo que tienen los medios actuales, destacando principalmente el teléfono inteligente, ya anexo a casi todo individuo en nuestro entorno.  

Rosa Rabazo
Alfonso Vázquez www.alfonsovazquez.com 

4 oct 2014

¿la tecnología nos hace libres?

Nicholas Carr, en su libro  superficiales, qué está haciendo Internet con nuestras mentes se planteaba si el uso continuado de Internet provocaría una serie de efectos neurológicos irreversibles, como la pérdida de la capacidad de concentración (Y de ahí el título de su trabajo). Carr se preguntaba hace años si  estamos sacrificando nuestra capacidad para leer y pensar con profundidad y si Google nos vuelve estúpidos. Mario Vargas Llosa, tras la lectura del libro, afirmó en su columna del País que "no es cierto que Internet sea sólo una herramienta. Es un utensilio que pasa a ser una prolongación de nuestro propio cuerpo, de nuestro propio cerebro, el que, también, de una manera discreta, se va adaptando poco a poco a ese nuevo sistema de informarse y de pensar, renunciando poco a poco a las funciones que este sistema hace por él y, a veces, mejor que él". Así pues, cerca de nuestra postura optimista sobre las tecnologías de la información, estos autores asumen que la dualidad humanos-tecnología está creando unos binomios cíborg, si bien se desmarcan a la hora de encontrar ventajas y ponen sobre el tapete los potenciales perjuicios  que algunos tecnoadictos puede llegar a desarrollar.

Este otoño, Nicholas Carr retoma su tesis y presenta Atrapados: cómo las máquinas se apoderan de nuestras vidas, Ahora, el ensayista norteamericano plantea como una dependencia absoluta de las máquinas nos hace ser sus esclavos, en lugar de usuarios que se sirven de ellas. Así, los sistemas de vuelos comerciales, totalmente informatizados,  en condiciones normales  hacen que los desplazamientos aéreos sean organizados y seguros. Sin embargo, afirma Carr que los pilotos están olvidando cómo se vuela a la vez que están perdiendo la capacidad de tomar decisiones en situaciones extremas o cuando las máquinas dejan de funcionar. El mismo efecto es el que genera el uso de GPS por los conductores o la extensa ferretería médica. 

Sin duda, es un debate apasionante, que se opone a las visiones más optimistas respecto a Internet y que nos permite reflexionar si realmente las máquinas están al servicio de la humanidad o será el cerebro  humano quien se subordine a los dispositivos digitales. Siguiendo en la misma linea, podríamos discernir, en el caso de que la premisa anterior fuera cierta,  de quiénes serían los cerebros subordinados y quienes quedarían libres en esta purga.También nos podríamos plantear si estamos desarrollando otras habilidades, con lo que la visión Carr-Llosa se acercaría más a una distopía que a la evolución real de la humanidad. Así, el simple uso de una calculadora podría llegar a atrofiar nuestra capacidad de cálculo mental, pero nos liberaría de una tarea monótona permitiendo dedicar más esfuerzos a comprender el espacio global en el que se desarrollan esas operaciones aritméticas. Igualmente, el uso de semáforos ayuda a los automovilistas a circular por ciudades, sin perjuicio para que sepan desenvolverse en situaciones donde no haya señalización vial luminosa. 

Y es que, a lo largo de la historia de la humanidad, los homínidos hemos ido evolucionando a la par que desarrollábamos una serie de técnicas y tecnologías que consolidaban nuestro proceso evolutivo. Hace 500.000 años comenzamos a dominar el fuego, encontrado de forma fortuita, aunque posiblemente no éramos capaces de encender una simple fogata partiendo de cero, lo que exigía una custodia perpetua. Poco a poco se aprendería a iniciar una hoguera chocando pedernales o frotando dos palos, mientras que más recientemente un mechero o una simple cerilla han facilitado enormemente la tarea. De igual manera, dejamos de confiar en nuestro vello corporal para calentarnos, y elegimos arroparnos, primero con pieles, y ahora con tejidos más complejos. También comenzamos a utilizar trampas y armas para cazar, en vez de confiar exclusivamente en nuestra velocidad y nuestra fuerza. Han cambiado los medios, pero no el fin. La tecnología nos condiciona, pero no deja ser un constructo social y nos hará más libre en la medida que nos mejora la vida.

No obstante, y tomando como punto de arranque este posicionamiento escéptico digital, en los próximos post nos vamos a centrar en el vilipendiado y maltratado sistema educativo, viendo si el pilar tecnológico que venden los responsables políticos será el motor de cambio que la escuela necesita.
 alfonsovazquez.com
ciberantropólogo


28 sept 2014

¿Generan bienestar las tecnologías de la Información?

A pesar de haber llegado hasta casi todos los rincones del planeta en un tiempo que es poco más que un suspiro en la linea cronológica de la humanidad, Internet y las tecnologías de la información cuentan con un importante pelotón de detractores. Sin embargo, sorprende que uno de los gurús más influyentes en el cambio de paradigma social que estamos viviendo se sincere y muestre su recelo hacía la cuestión de si la tecnología ha ayudado al ser humano. Steve Wozniak, cofundador de Apple  afirma que "la tecnología no ha ayudado a mitigar la pobreza, a combatir las cosas que están mal, a crear más trabajos. En realidad sólo ha logrado que el poder se quede en los más altos”.

En la misma linea, Woz expone que a pesar del desarrollo tecnológico que hemos alcanzado, aún no se han extinguido grandes problemas de la humanidad como la pobreza o el hambre. Para él, lejos de  favorecer una mejora global, sirve para enriquecer a las grandes corporaciones y, paradójicamente, deja fuera de juego a muchas personas que pierden sus trabajos reemplazados por máquinas. Sin duda, es una reflexión que no debemos dejar pasar por alto a pesar de llegar de una persona que por una parte ha influido enormemente en el desarrollo de la sociedad de la información en los últimos cuarenta años y, por otra, dirige una compañía con unos beneficios superiores al PIB de muchos países.
 alfonsovazquez.com
ciberantropólogo 

3 ago 2014

¿Tecnologías para homogeneizar o tecnologías para diferenciar?

 Los luddistas eran un colectivo de obreros que, capitaneados por un mítico y legendario Ned Ludd, se oponían al desarrollo que traía la floreciente revolución industrial. El ludismo representaba las protestas de los obreros contra las industrias por los despidos y los bajos salarios ocasionados por la introducción de las máquinas. Estas revueltas eran desorganizadas y los obreros atentaban contra las máquinas destruyéndolas. 

Con el paso del tiempo, se ha visto como la consolidación de la industrialización ha aportado mejoras en la calidad de vida de las sociedades occidentales, aunque no sirvió para disminuir las diferencias entre los estratos sociales, sino que incluso ha servido para acrecentarla, extremo este comprobable si comparan los salarios en los diferentes países con las fortunas de los ciudadanos más ricos del planeta. 

Sin embargo, el factor económico no es el único ni el más preocupante. En 1984, Georges Orwell nos presenta una sociedad donde la humanidad funciona de manera mecánica controlada por un súper dispositivo capaz de saber qué hace cada ciudadano en cada momento. El mundo del cine también plantea este tipo de distopías en sociedades  postapocalípticas. En In Time o Elysium corporaciones en manos de acaudalados ciudadanos dominan el planeta y al resto de la humanidad en una cruel y asimétrica relación al poseer una tecnología punta que se lo permite. En  Matrix son las propias máquinas las que dominan a los humanos convertidos en meras baterías.

¿Estamos lejos de llegar a estas situaciones? Sin duda la tecnificación facilita las tareas en cualquier campo. Sin embargo, esto no quiere decir que quienes tengan los medios técnicos compartan sus beneficios con el resto de sus congéneres. La historia de la humanidad, con altibajos, se ha caracterizado más por la discrepancia y la disputa que por la colaboración. Los avances técnicos tienen un mecenas que es quien permite al científico desarrollar su investigación. Pero los mecenas no exponen su capital de manera altruista. De hecho vemos como más de la mitad de la humanidad no tiene acceso a agua potable, alimentación o sanidad básica, incluso si estos servicios serían del todo viables con una conciencia planetaria global. Según  Intermon Oxfam casi la mitad de la riqueza mundial está en manos de sólo el 1% de la población y la mitad más pobre de la población mundial posee la misma riqueza que las 85 personas más ricas del mundo. 

Las tecnologías no siempre son motor de cambio y desarrollo, sino que cada vez más van a ir generando sociedades altamente tecnificadas pero extremadamente polarizadas. No existe conciencia de especie, pero no solo entre ese 1% inmensamente rico. Pocos son los consumidores que se preguntan a costa de la salud o la vida de quién pueden adquirir ciertos bienes, como tecnología, joyas o energía. Tal vez no lleguemos a los extremos distópicos que hemos citado anteriormente, pero sí nos dirigimos hacía una humanidad dividida en la que, cada vez más, muchos trabajaran  para el bienestar de las élites.
alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

30 nov 2011

El miedo al cambio

En los últimos 25 siglos el ser humano, como humano, como individuo, ha avanzado poco. Cinco siglos antes de Cristo ya se sabía que la Tierra era redonda y que giraba alrededor del Sol. Se conocía su diámetro y se intuía lo que se desconocía (dos casquetes polares, a pesar de la distancia) Luego, en un ejercicio de represión y manipulación de masas de una dimensión sin precedentes, se negaron todos estos hechos y durante otro motón de siglos, en nombre de dioses y diosecillos y a manos de sacerdotes o ayatolahs se impidió continuar esta tarea. 

En los dos últimos siglos esto comenzó a avanzar y la investigación científica progresó de manera exponencial, eso sí, amparada por el capita de los empresarios, lo que ha supuesto nuestra vida cotidiana acabe inundada de chismes y aparatejos. Por eso, tal y como comenzábamos diciendo, como individuos poco hemos avanzado, aunque como grupo notemos una importante transformación.

Pero a pesar de todo este marketing del consumo y de lo tecnológico, hay quien se resiste al cambio, aferrándose a lo “antiguo”, ignorando que lo antiguo es relativamente reciente y que, en la mayor parte de los casos, procede de una anterior “revolución”. En la revolución industrial se multaba a los carruajes que no eran tirados por caballos (En oposición  a la máquina de vapor) y los que rechazaban el tren argüían que por encima de las 50 millas/hora las células humanas se desintegrarían. 250 años después rodamos a diario con seguridad por encima de los 100km/h y volamos a casi 10.000 metros ¿tan difícil es aceptar que estamos en una era de cambios.

Pero a pesar de todo este marketing del consumo y de los tecnológico. En la revolución industrial se multaba a los carruajes que no eran tirados por caballos (En oposición  a la máquina de vapor) y los que rechazaban el tren argüían que por encima de las 50 millas/hora las células humanas se desintegrarían. 250 años después rodamos a diario con seguridad por encima de los 100km/h y volamos a casi 10.000 metros ¿tan difícil es aceptar que estamos en una era de cambios.
alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

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