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7 may 2016

El timo de las videoconferencias en WhastApp

Seguro que a todos se nos ocurre alguna mejora para esa aplicación que tanto usamos. Sin embargo, esa mejora no siempre se hará realidad. Nunca llueve a gusto de todos y los desarrolladores no pueden hacer caso a los deseos de todos los usuarios. Con esta bolsa de ideas y deseos contenidos, los delincuentes de la red pueden hacer su negocio. Sobre todo cuando se trata de una aplicación de uso global con millones de descargas. 

WhatsApp  es un ejemplo perfecto como entorno idóneo sobre el que establecer estafas. Antes de que el popular sistema de mensajería integrase el sistema de llamadas de voz, se difundió una estafa en la que, accediendo a una web externa, el usuario podría llamar gratis desde su teléfono a cualquier parte del mundo sin introducía su datos. Millones de usuarios mordieron el cebo y recurrieron a aquella maravillosa oferta con el deseo de tener la mejora antes que sus contactos. Sin embargo, fueron victimas de un phishing  indiscriminado, y nadie tuvo acceso a llamadas de  voz hasta que los desarrolladores de la aplicación incorporaron este servicio.

Desde hace unos días, el timo ha vuelto a la carga vestido de modernidad. Ahora se nos ofrecen videollamadas si cumplimos los mismo requisitos: registrarnos en una web externa y reenviar la información a nuestros contactos. El phiser no ha tenido que idear un sistema complejo ni novedoso. Sobre la misma estructura técnica ha desarrollado una nueva remesa de peticiones que se ha extendido de manera viral entre los usuarios. Y los resultados no se han hecho esperar.  Por algo se dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. 

 alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

16 abr 2016

Sentencias digitales

En otras ocasiones hemos hablado de las complicaciones que se presentan a la hora de ejecutar sentencias judiciales por actos cometidos en Internet. Sin embargo, cuando la acción se produce dentro unos límites territoriales precisos y cuando todas las partes  afectadas se encuentren en bajo una misma  jurisdicción, los litigios convencionales son más sencillos. Es lo que ha pasado con dos socios valencianos llevaron su contienda a WhatsApp.

Uno de ellos publicó en su estado "no te fíes de X X" y lo mantuvo varios meses. X X denunció el caso, y tras el juicio, el acusado deberá satisfacer con 2000 euros al demandante por haber escrito en espacio público una "mera descalificación, que afectó negativamente a la reputación del afectado, la cual es especialmente importante en el espacio de su profesión médica y en el ámbito de la industria de servicios de sanidad". Igualmente, la sentencia exige que el acusado repare su falta actualizando su estado de WhastApp y que mantenga durante dos meses el texto "Mediante sentencia de fecha 30-12-2015 J.M. fue condenado por intromisión ilegítima en el honor de X X"
alfonsovazquez.com 
ciberantropólogo

29 abr 2015

Comunicar o no comunicar, he aquí la cuestión

En el anterior post tratábamos la conflictividad que whatsapp puede generar en un grupo, debido a la inmediatez y a la falta de reflexión sobre las consecuencias y el alcance que nuestras palabras podrán generar a posteriori. En esta ocasión nos vamos a centrar en distorsiones de comunicación  en la esfera privada, en una conversación  bilateral. Este tema queda tratado en el corto Yo tb tq, de Dani  Montes, realizado para el I Festival de Cortos Express 'SOHO Málaga FASTival'.

La comunicación humana se basa en un lenguaje complejo y articulado, producto de milenios de evolución.  Incluso  la comunicación oral cara a cara a tiempo real, espontánea y con gran margen de maniobra y con posibilidad de retroalimentación entre emisor y receptor se alimenta de otros tipos de comunicación subsidiarias, como los gestos o las miradas. El abuso de mensajería y la merma de tiempo que supone la escritura, hace que el mensaje pierda espontaneidad, contexto fluidez y consistencia,  pudiendo llegar a ser malinterpretado.Sin embargo, la masiva utilización de estos medios comunicación contemporáneos se imponen en nuestros días, ocupando todas las facetas de nuestra vida: laboral, tiempo libre, amistad... Urge aplicar sensatez en nuestro intercambio de mensajes para evitar que una mala interpretación o una descontextualización puedan arruinar la comunicación en curso.
alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

25 abr 2015

Whatsapp como fuente de conflictos

Whatsapp ha entrado en nuestras vidas de manera arrolladora. Si hace cuatro años años era un experimento entre avezados usuarios dispuestos a probar las apps más curiosas que van saliendo al mercardo, en la actualidad es un software presente en cualquier smartphone que se precie. La empresa, adquirida por Facebook, se consolidó de manera imparable en el mercado, desbancando a otras opciones que  lo superaban en cuestiones de fiabilidad y seguridad. Sin embargo, el marketing es más importante que tecnología, y hoy podemos afirmar que está presente en la mayoría de los teléfonos. Pero no  vamos a hablar ni de sus carencias ni de sus bondades, sino de cómo afecta a la comunicación humana.

La aplicación nos abre una ventana de comunicación inmediata con el mundo, ya sea para actuar como emisores como receptores. La información puede ser bilateral o multilateral, según nos comuniquemos con un usuario o con un grupo. Los grupos pueden convertirse en saco roto, en un ecosistema depredador a medida que se van ampliando. Porque, inicialmente, podemos pensar que un grupo se crea entre una serie de  usuarios con una serie de vínculos comunes, como un grupo de amigos, familiar, un club deportivo o social... Sin embargo podemos acceder a grupos en los que al relación entre sus miembros no es directa, y es aquí don de puede iniciarse el conflicto. Es lo que ha venido pasando, como hemos podido leer en diversas noticias, en los grupos de padres de alumnos de una misma clase. No necesariamente todos los chicos tienen que tener una buena relación entre ellos por el mero hecho de ser compañeros de aula, pero menos evidente es que las relaciones entre los padres de todos ellos deba ser buena.

El grupo de aula puede generar tensiones por ser un amplificador inmediato de la noticia como afirma un profesor del CEIP Escola de la Concepció, de Barcelona "Antes, si un niño se caia en el patio, al cabo de una semana todos los padres lo sabían. Ahora la noticia de ese accidente se expande en un minuto". De esta inmediatez parte también Francisco Núñez, sociólogo de la UOC,  porque "unida a la descontextualización de los mensajes, puede acabar provocando, que el grupo de WhatsApp se convierta por unas horas en la plaza pública en la que se carga contra un determinado profesor o contra la dirección del centro".  Núñez repara también en la importancia de distinguir entre la esfera privada y la pública, entre variable multilateral/bilateral que mencionábamos en el párrafo anterior. "Cuando uno hace un comentario, contando que tu hijo se ha caído en el colegio, tú lo haces desde tu contexto. Puedes estar tomando un café con otros padres o de camino al trabajo. Y en ese contexto, lo que escribes, tiene un significado determinado. Pero al mandarlo al grupo de WhatsApp, entra en un espacio público, tu mensaje puede ser copiado y reenviado a otros foros, y llega de forma inmediata a otros móviles, a otras personas que están en otros contextos y entonces, la información se lee de formas muy diferentes. Y eso da lugar a los malentendidos, las ofensas, el sentirte agredido, el pensar¿pero qué dice este?, ¿que se ha pensado esta madre? O ¿qué se han creído los profesores? " 

No sólo se generan linchamientos hacia terceros, profesores en este caso, sino que esa falta de contextualización puede lleva a enfrentamientos entre miembros del grupo que posiblemente ni se conocieran a priori. En estos casos prima la sensatez, y hay que tener en cuenta de que, a pesar de la sensación de impunidad que nos proporciona el teclado, nos encontramos antes una herramienta de comunicación muy importante y nuestras comunicaciones, a diferencia de lo que pasa con las palabras, no se las lleva el viento, sino que quedan registradas en los teléfonos de otros usuarios, y que desde allí, pueden pasar de manera viral hacía un escenario que nunca hubiéramos imaginado que llegaría cuando escribimos el mensaje.
alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

5 feb 2014

Vigilancia Digital consentida


En uno de los post que utilizamos para resaltar los hechos más remarcables de 2014, analizábamos el impacto que habían tenido las declaraciones del ahora extrabajador de la NSA, Edward Snowden (Espionaje digital: la cloacas de la red, 20-12-14). Gobiernos, empresas y usuarios se llevaron las manos a la cabeza por sentirse observados. Contrasta esta indignación con la predisposición del usuario a utilizar aplicaciones que muestran su “intimidad” en abierto o ante un grupo más o menos extenso. Subir fotos o videos a diferentes comunidades como Facebook es una acción que una vez consumada escapa a nuestro control, pues un documento digital que sale de nuestro ordenador, pasa a ser de dominio público de manera inmediata. Visto de otra manera, exponemos nuestra intimidad a través de un pantalla ubicua y globalizada sobre la que no tenemos ningún tipo de control.

Además, con el auge de los smartphones, exponemos nuestras acciones a tiempo real si no somos consecuentes con las apps instaladas en nuestro dispositivo de comunicación. Facebook puede ir difundiendo nuestra posición geográfica si a nuestro móvil no le decimos lo contrario. Las aplicaciones de entrenamiento deportivo pueden mostrar, con más menos restricciones, nuestras pautas de comportamiento. Y con Whatsapp, la panacea de las comunicaciones personales, ofrecemos una clara postal sobre nuestra disponibilidad y nuestro horario de conexiones. De hecho, el doble check de esta app puede llegar a generar una obsesión casi enfermiza por el control de nuestros contactos.



alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

22 jul 2013

WhatsAppSpy 1.02

Un joven murciano ha sido detenido por llevar a cabo una estafa en red. Sin embargo, podemos afirmar que los estafados merecían su castigo. Facebook o Tuenti se han convertido, en gran medida, en alcahuetas digitales, e, impregnados de esta filosofía, muchos usuarios quieren saberlo todo de sus vecinos y amigos. Y este fue el principio que el joven estafador siguió para desarrollar su plan. Ofrecía una aplicación para espiar las conversaciones de WhatsApps ajenos. La aplicación no existía, pero en solo dos meses permitió al "programador" ganar 40.000 euros con su venta gratuita. 

¿Paradójico? El negocio no estaba en la venta, pues la aplicación fantasma se ofrecía a coste cero, sino en la captura de los datos de los estafados. Inicialmente se hacía necesario promocionar el producto. El joven diseño una web con la misma apariencia que una popular red social juvenil,  donde los incautos, cotillas o ávaros estafados acudían e introducían ingenuamente sus datos (usuario y contraseña) con la espera de conseguir la omnipresencia digital. Así capturó miles de cuentas, desde las que ofrecía"su producto". Y el efecto viral ayudó al joven a que su web se hiciera popular entre los cibernautas españoles. 

Hasta aquí sólo hemos visto la "puesta en sociedad" del negocio. Una vez visualizado el anuncio-evento enviado desde las miles de cuentas robadas, el interesado acudía a la web donde se descargaba la aplicación. Allí se le pedía que introdujera su número de teléfono móvil. Y aquí comienza el engaño, ya que el fisgón lo que había hecho no era descargarse ninguna aplicación, sino que se había suscrito a un servicio de mensajería premium, un servicio controvertido por el que se paga entre 1,5 y 7 euros por cada sms recibido. Y era de esta manera que el desarrollador de la estafa recibía comisión por cada incauto, a modo de royaltie. 

En esta estafa no es la avaricia pecuniaria la que ciega al estafado, sino el afán de  intromisión en comunicaciones privadas de otra persona. Y eso es delito, por lo que tanta culpa tiene el estafador como los estafados.
alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

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