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16 feb 2014

no sé, no me acuerdo...

- ¿Qué es peor, la ignorancia o la indiferencia?
- Ni lo sé ni me importa.

no sé, no me acuerdo... no es una respuesta convincente. La escuchemos donde la escuchemos, tiene poco futuro. En boca de un alumno será el precedente de una nota negativa. Si la pronuncia un hijo trasnochador ante el requerimiento de sus padres, quizá le acarree un castigo. Si es la excusa a un inspector de hacienda que le pregunta por qué no declaró ciertos ingresos, será la antesala de una larga batalla con el fisco. 

En la escala correspondiente, habrá una penalización para cada uno de esos "olvidos". Sin embargo, el doble rasero con que la justicia trata a los ciudadanos se hace más que evidente cuando para la mayoría de los ciudadanos el desconocimiento de la ley no les exime de su cumplimiento mientras que a la ciudadana Cristina de Borbón se le permite declarar ante el juez con un no sé, no me acuerdo. Bajo la excusa de la ignorancia, el olvido, o el amor y la confianza en su marido y la aceptación de estas excusas como algo normal, se deja claro que no todos somos iguales ante la ley.
alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

28 mar 2010

Legislando la sociedad digital: retrocediendo derechos.

Hasta ahora las sociedades democráticas occidentales habían venido gozando de un derecho fundamental: la presunción de inocencia. Esto se resumía en una frase que la gobiernos nunca habían mostrado por pudor democrático pero que el mundo del cine nos ha enseñado en innumerables ocasiones: todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Pero esto no es para nada cierto: si tienes un negocio y pones la radio, si eres profesor y haces representaciones teatrales en clase o si tu pueblo hace una conmemoración histórica, unos tipos de la SGAE se arrimarán para sacar tajada. No es que en este blog estemos en contra de que cada cual se gane la vida lo mejor que pueda, sino que nos parece ruin que una sociedad de autores sin autoría trate de aprovecharse del trabajo de otros para que sus liberados vivan de lujo sin trabajar.

Recentrándonos en el tema, cualquier hijo de vecino que se sienta agredido u ofendido por un tercero tiene todo el derecho para acudir a un juzgado y denunciar a su presunto ofensor (a pesar de lo que digan los diez mandamientos, no estamos obligados a perdonar a nuestros ofensores) . Eso sí, el denunciante está obligado a presentar las pruebas que defiendan su tesis, y en caso contrario se puede enfrentar a una demanda por calumnias. Sin embargo la sgae goza de un extraño fuero que parece un privilegio medieval conservado desde tiempos inmemoriales: cuando ellos denuncian no tienen que demostrar nada, y es el acusado el que tiene que demostrar su inocencia.

Es decir, si eres denunciado por ramocín, él no tendrá que demostrar nada, su palabra irá a misa, mientras tú deberás estrujarte la sesera pare desmentir tal bellaquería, so pena de ser condenado a una fuerte multa, aunque estés disfrutando de una melodía compuesta en tu tiempo de ocio e interpretada a la flauta por tu sobrino. Así nos va en esta quema de brujas del siglo XXI: todo aquel que disienta o que no disfrute con salsa rosa u otros gallineros al uso estará en el punto de mira de la sgae.
www.alfonsovazquez.com
antropólogo
foto: El juicio final (el Bosco)

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