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24 abr 2016

Información y poder. El pleonasmo sociopolítico

La información es poder y el poder necesita información para perpetuarse. Tradicionalmente ha sido así y ambos han ido de la mano conformando un pleonasmo sociopolítico de primer orden. Tan importante, que cualquier debate al efecto era cuando menos improductivo, cuando no ilícito y perseguido.

La sociedad digital parece haber atacado este presupuesto hasta ahora tan inefable como incontestable y la información no es exclusividad de los gobiernos. Sin embargo,  esto no quiere decir que sea la solución a milenios de monopolio. De todos es sabido que la red actúa como un gran hermano capaz de almacenar nuestra identidad, nuestros pasos, nuestros gustos y nuestros intereses. Pero lejos de ser un instrumento abierto, su control recae en unas pocas personas. Mark Zuckerberg, a través de sus principiares herramientas (Facebook, Instragram, Whatsapp), se ha erigido en los últimos 10 años como un magnate de la información personal almacenando y disponiendo de la vida digital del 85% de los internautas, según la firma Global Web Index (GWI). Aunque de manera colateral el flujo de datos repercuta y mejore la experiencia en red del usuario final, ésto no es más que un espejismo o migajas de la verdadera dimensión del fenómeno.

Sin embargo, y aunque a priori podría considerarse que una  perversa conexión seguía manteniendo vinculados a los gobiernos (especialmente a la Casa Blanca) con los grandes albaceas de las identidades digitales, en las últimas semanas hemos visto un enfrentamiento entre el FBI y Apple por el acceso a la información almacenada en el Iphone de Syed Farook, autor de la matanza de San Bernardino. El fabricante se negó a crear una puerta de acceso secreta en sus dispositivos como le habría pedido el FBI, quien a su vez consiguió por sus propios medios el acceso a la información contenida en el terminal. 

El debate entre seguridad e privacidad no es nuevo, y ha sido tratado en este espacio en diferentes ocasiones. Es difícil delimitar cuál es el punto en que esta privacidad puede ser desbordada, pues el concepto de delito varía de un país a otro y de una época a otra: "Apple cree profundamente que en Estados Unidos, así como en el resto del mundo, la gente se merece la protección de sus datos, seguridad y privacidad. Sacrificar uno para el otro sólo pone a las personas y los países en mayor riesgo", 
alfonsovazquez.com 
ciberantropólogo

25 ene 2012

Descargar o compartir. Redes ciudadanas o gestionadas por magnates.

Tercera entrada sobre el trendtoping de la semana, incluso del mes si se quiere: el cierre de Megaupload. Pero vamos a reflexionar sobre la comodidad que busca el usuario, y como a raíz de ella los hábitos se van modificando. 

Y es que el intercambio de contenidos es cosa que viene de antiguo. Desde siempre se han compartido libros, que se intercambiaban con amigos y familiares una vez leídos. Incluso con desconocidos, como en la iniciativa bookcrossing, en la que se dejaba a criterio del que tomaba el libro dejar uno a cambio en el mismo lugar para que otra persona lo disfrutara. Un medio ecológico y multiplicador de cultura, si bien al mercado no le resultara interesante, como no le interesa ninguna iniciativa ciudadana que pueda poner en cuestión sus estructuras de privilegios. Con la música pasaba algo parecido: una persona compraba un disco y otra otro, ambos intercambiaban sus discos y obtenían una copia en cassette. 

Sin embargo, con la llegada de los ordenadores domésticos y los mecanismos de reproducción digital, todo este proceso cooperativo se haría más sencillo. Podemos establecer una metáfora con el escrito de G. B. Shaw cuando afirma que “si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana, e intercambiamos manzanas, entonces tanto tú como yo seguimos teniendo una manzana. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea, e intercambiamos ideas, entonces ambos tenemos dos ideas”. 

La reproducción digital permite obtener instantáneamente duplicidades exactas de una fuente y un tratamiento y un transporte inmediato. Cuando las redes no estaban tan extendidas el intercambio se realizaba en discos ópticos o cd’s. Cuando Internet comenzó a entrar en los hogares, el proceso se sobredimensionó. Napster,  desarrollada por Sean Parker en 1998, era una aplicación que una vez instalada en el ordenador, permitía compartir ficheros entre usuarios. Cuando fue denunciada y cayó, una nueva dimensión se había iniciado y ya no habría marcha atrás y programas como Emule o Ares tomaron el relevo. Todo era sencillo, cada usuario tenía una carpeta de compartidos en su ordenador y cualquier otros cuyos resultados de búsqueda se aproximaran, podría tener acceso a estos datos. 

Megaupload y otros espacios de almacenamiento online vinieron a facilitar el proceso. Entre otros usos, los usuarios comenzaron a albergar material audiovisual y de texto que era presentado desde blog o compartidos por enlaces, acelerando el proceso. Ya no era necesario hacer búsquedas en la mula; la web lo ofrecía todo, sin necesidad de esperar a que el usuario que tenía el libro que queríamos estuviera conectado. Ahora estaba en la red a tiempo completo. Megaupload nos hizo más perezosos. Nos ofrecía de manera sencilla lo que antes teníamos que buscar. Pero fue otro paso más, igual que Napster en su día. Megaupload se fue, pero vendrán otras. Y esperemos que los proyectos venideros confíen de nuevo en poder de las redes ciudadanas, en vez de servir para llenar el bolsillo del lado B de la red.

alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

30 mar 2010

Apagón analógico

Hoy a las 12:50, el repetidor de Montánchez ha dejado de emitir en analógico tras 50 años de servicio. "Extremadura se incorpora así a las ventajas que aporta y seguirá aportando la Televisión Digital a todos los ciudadanos", ha dicho la vicepresidenta Primera y portavoz de la Junta de Extremadura, Dolores Pallero. Casi 10 millones de euros ha costado a la región la migración a la señal digital. A esto hay que sumarle la compra, por parte del ciudadano, del decodificador o de una tele compatible con la nueva tecnología. A cambio, un motón de ventajas, nos dicen, y muchas cadenas. Lástima que hasta ahora no se note mucho: hemos ampliado el número de canales, pero no la calidad. Es decir, tenemos la misma mediocridad, pero aumentada. Ahora no será necesario esperar a la noche para ver el gran hermano, lo tenemos a full time. Tampoco esperaremos para ver las noticias que serán repetidas en bucle 24 horas al día. Ya somos digitalmente televisivos; esperemos que la fuerte inversión nos aporte algo más en un futuro y que las cadenas aporten su granito de arena para que el cambio se real y palpable.

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