Mostrando entradas con la etiqueta cíborg. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cíborg. Mostrar todas las entradas

6 oct 2014

¿Proceso tecnológico es progreso social?

La sociología ha tratado tradicionalmente la cuestión del desarrollo frente al desarrollismo. Por ello, y siguiendo con la senda dialéctica abierta  acerca de las bonanzas y perjuicios generados por la tecnología y al hilo de lo expuesto en el anterior post ¿la tecnología nos hace libres?, hoy plantearemos un debate a cuatro. Es por ello que la estructura del post  diferirá de la habitual.

Las nuevas tecnologías, en sí mismas, podrían y deberían haber cambiado el rumbo de la historia hace mucho. No lo harán. Al hombre solo le interesa, siempre, el prisma económico. Ser un enfervorecido comprador y usuario de aquello que las multinacionales idean no es hacer un uso de las nuevas tecnologías al servicio del hombre, es cerrar el círculo de consumo. Un chip de algunos céntimos  puede hacer, sin despeinarse, cosas que hace pocos cientos de años costaron la vida de millones de personas. Por otro lado mente y materia serán una misma cosa y ahí comenzará la dominación si el hombre no ha conseguido pasar de ser usuario tecnológico a productor de servicios independientes y libres al servicio de la prosperidad.

Un exceso de confianza en los medios tecnológicos, sin las debidas precauciones, puede ser  una catástrofe. No es raro encontrar usuarios, profesionales o particulares, cuyos trabajos se han volatilizado en algún desplazamiento de bytes poco afortunado. Las mismas herramientas que han ayudado al creador, lo han fulminado,  motivo de un  exceso de confianza, pérdida de alerta o por  delegación de responsabilidad en un trozo de metal magnetizada o memoria volátil.

En plano personal y sentimental, también nos dejamos guiar por la celestina particular en la que se puede convertir nuestro ordenador. La intimidad e impersonalidad de la pantalla puede ser una ayuda para mostrar nuestro yo más íntimo e impersonal, aunque esto pueda parecer una antítesis. Confiamos más en facebook que en nuestras habilidades seductoras para ligar, y además nos da pereza buscar la compañer@ "perfecta" y  dejamos que meetic lo haga por nosotros.

Por otra parte,  la tecnología tiene innumerables ventajas: se produce un aumento de la producción y los resultados se obtienen con una mayor precisión. Todo ello, permite logros increíbles en campos como la medicina. En cambio, puede llevar consigo una pérdida de mano de obra, es decir, un aumento del paro. Además, aún hay quien es reticente a tratar con máquinas y prefieren aquellas empresas que utilizan el casi perdido " tú a tú". La tecnología ha facilitado nuestras vidas, pero nos ha vuelto más cómodos. Ahora se investiga menos y, frente a los rápidos cambios tecnológicos, nuestra inteligencia se va quedando más reducida. La mayoría de las veces no hemos asimilado un avance y ya se ha producido el siguiente. Se lanza al mercado un nuevo producto cuando aún no dominamos, y a veces ni conocemos,  el anterior.

Sin embargo, en oposición a lo anterior, hay quien  cuestiona que la tecnología per se sea generadora de paro, sino que más bien incita a la búsqueda de nuevas formulas. Nunca antes existió ninguna época en la que aparecieran tantas nuevas profesiones como ahora,  a la luz de las nuevas tecnologías. Los obreros de la planta de producción se desplazan a diferentes perfiles: ingeniero, programador, reparador, panelista, arquitecto de software, analista, pica código, administrador de sistemas, experto en seguridad, cadena de montaje, administrativos del producto, comerciales....  Lo que podemos resumir en antes: 100 obreros = 1 profesión; Ahora 100 obreros= 25 perfiles.

Por lo tanto, y a modo de resumen, la bondad de la tecnología es innegable: nos mejora, sin más. Nos ayuda, si somos capaces de asimilar su auxilio pero nos posee si no contamos con los recursos para asimilar la ayuda ofertada. Que haya quien se acomode y retroceda intelectualmente es una posibilidad que se ha dado en cualquier época. Al menos la tecnología dará respuesta a las mentes inquietas, y creemos no equivocarnos al decir que atraerá a algunas de las mentes perezosas al ámbito cultural, por el atractivo que tienen los medios actuales, destacando principalmente el teléfono inteligente, ya anexo a casi todo individuo en nuestro entorno.  

Rosa Rabazo
Alfonso Vázquez www.alfonsovazquez.com 

4 oct 2014

¿la tecnología nos hace libres?

Nicholas Carr, en su libro  superficiales, qué está haciendo Internet con nuestras mentes se planteaba si el uso continuado de Internet provocaría una serie de efectos neurológicos irreversibles, como la pérdida de la capacidad de concentración (Y de ahí el título de su trabajo). Carr se preguntaba hace años si  estamos sacrificando nuestra capacidad para leer y pensar con profundidad y si Google nos vuelve estúpidos. Mario Vargas Llosa, tras la lectura del libro, afirmó en su columna del País que "no es cierto que Internet sea sólo una herramienta. Es un utensilio que pasa a ser una prolongación de nuestro propio cuerpo, de nuestro propio cerebro, el que, también, de una manera discreta, se va adaptando poco a poco a ese nuevo sistema de informarse y de pensar, renunciando poco a poco a las funciones que este sistema hace por él y, a veces, mejor que él". Así pues, cerca de nuestra postura optimista sobre las tecnologías de la información, estos autores asumen que la dualidad humanos-tecnología está creando unos binomios cíborg, si bien se desmarcan a la hora de encontrar ventajas y ponen sobre el tapete los potenciales perjuicios  que algunos tecnoadictos puede llegar a desarrollar.

Este otoño, Nicholas Carr retoma su tesis y presenta Atrapados: cómo las máquinas se apoderan de nuestras vidas, Ahora, el ensayista norteamericano plantea como una dependencia absoluta de las máquinas nos hace ser sus esclavos, en lugar de usuarios que se sirven de ellas. Así, los sistemas de vuelos comerciales, totalmente informatizados,  en condiciones normales  hacen que los desplazamientos aéreos sean organizados y seguros. Sin embargo, afirma Carr que los pilotos están olvidando cómo se vuela a la vez que están perdiendo la capacidad de tomar decisiones en situaciones extremas o cuando las máquinas dejan de funcionar. El mismo efecto es el que genera el uso de GPS por los conductores o la extensa ferretería médica. 

Sin duda, es un debate apasionante, que se opone a las visiones más optimistas respecto a Internet y que nos permite reflexionar si realmente las máquinas están al servicio de la humanidad o será el cerebro  humano quien se subordine a los dispositivos digitales. Siguiendo en la misma linea, podríamos discernir, en el caso de que la premisa anterior fuera cierta,  de quiénes serían los cerebros subordinados y quienes quedarían libres en esta purga.También nos podríamos plantear si estamos desarrollando otras habilidades, con lo que la visión Carr-Llosa se acercaría más a una distopía que a la evolución real de la humanidad. Así, el simple uso de una calculadora podría llegar a atrofiar nuestra capacidad de cálculo mental, pero nos liberaría de una tarea monótona permitiendo dedicar más esfuerzos a comprender el espacio global en el que se desarrollan esas operaciones aritméticas. Igualmente, el uso de semáforos ayuda a los automovilistas a circular por ciudades, sin perjuicio para que sepan desenvolverse en situaciones donde no haya señalización vial luminosa. 

Y es que, a lo largo de la historia de la humanidad, los homínidos hemos ido evolucionando a la par que desarrollábamos una serie de técnicas y tecnologías que consolidaban nuestro proceso evolutivo. Hace 500.000 años comenzamos a dominar el fuego, encontrado de forma fortuita, aunque posiblemente no éramos capaces de encender una simple fogata partiendo de cero, lo que exigía una custodia perpetua. Poco a poco se aprendería a iniciar una hoguera chocando pedernales o frotando dos palos, mientras que más recientemente un mechero o una simple cerilla han facilitado enormemente la tarea. De igual manera, dejamos de confiar en nuestro vello corporal para calentarnos, y elegimos arroparnos, primero con pieles, y ahora con tejidos más complejos. También comenzamos a utilizar trampas y armas para cazar, en vez de confiar exclusivamente en nuestra velocidad y nuestra fuerza. Han cambiado los medios, pero no el fin. La tecnología nos condiciona, pero no deja ser un constructo social y nos hará más libre en la medida que nos mejora la vida.

No obstante, y tomando como punto de arranque este posicionamiento escéptico digital, en los próximos post nos vamos a centrar en el vilipendiado y maltratado sistema educativo, viendo si el pilar tecnológico que venden los responsables políticos será el motor de cambio que la escuela necesita.
 alfonsovazquez.com
ciberantropólogo


Amigos en la red (Últimas actualizaciones)

Archivo del blog