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5 jul 2021

¿En qué se basa la economía de Internet?

En realidad, en Internet, lo que tiene verdadero valor no son los datos, es el tiempo. Compramos y vendemos tiempo aún sin ser conscientes de ello. Sí la economía en Internet ha superado al sistema económico tradicional ha sido precisamente porque es el tiempo del usuario lo que se valora, su bien más preciado. Estamos vendiendo, más que comprando nuestro tiempo. Las grandes tecnológicas lo compran, y lo más curioso es que no solo les sale gratis sino que lo rentabilizan.

El metaverso será una realidad en detrimento de un tiempo que no tiene valor calculable.
Alberto Ledo

6 ene 2020

El oligopolio internet

Los cuatro gigantes de la sociedad de la información,  las empresas GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) han iniciado 2020 con un  incremento de su valor del 31%  respecto a 2019. 

Frente aquella idea romántica de que Internet había llegado para democratizar y dar voz a todos, resulta que cada vez es un espacio más monopolizado. Innegablemente ofrece una serie de ventajas que facilitan el cotidiano y ya es impensable nuestra vida sin un dispositivo de conexión. Volver a una vida desconectada es, bajo al perspectiva actual, un hecho impensable, ya que quedaríamos desconectados social y profesionalmente. Sin embargo, armarnos de una estrategia crítica y de desechar el consumo compulsivo puede ser una solución para evitar mas e un sinsabor en nuestra  experiencia digital.
La brecha crece: gigantes tecnológicos valen 2 billones de dólares más que el sector de medios

 alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

18 mar 2018

Casas 3d

¿Nos encontramos ante la puerta del infierno o en la entrada del cielo? se preguntaban Vahé Zaratarian y Emile Noël hace casi 20 años en su obra Cibermundos. La tecnología está a nuestro lado y es un proceso inevitable e inexcusable que nos podemos obviar. Así ha sido a lo largo de todo el proceso de hominización y de la historia de la humanidad.  Los avances tecnológicos más primigenios permitieron a los primeros homínidos destacar en su ecosistema, iniciando una vertiginosa carrera evolutiva. en la historia de la humanidad, aquellas civilizaciones que dominaban una tecnología desconocida por sus vecinos les colocaba en situación  hegemónica y ha así ha sido  hasta nuestros tiempos. Sin embargo la mercantilización global y la búsqueda de una paz relativa han llevado a que la tecnología, o al menos una parte de ella, se convierta en producto de consumo ( con toda la crítica que a esto se le pueda hacer).

Una empresa norteamericana llamada Icon propone la construcción de viviendas de bajo coste con impresoras 3D La propuesta parte de una oferta que a priori parece interesante: construir casas en menos de 24 horas y con un coste entre los 4000 y los 10000 dólares. Si la propuesta prospera puede ser una importante ayuda para los más de 1.200 millones de personas que no tienen acceso a una vivienda. El tiempo nos dirá si el proyecto se convierte en una realidad tangible o queda en un sueño. 

 alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

     

2 ago 2017

Estamos de rebajas: entren y consuman..

Hace ya 50 años que  Baudrillard nos habló de la liturgia del consumo y del culto que en la sociedad occidental ofrecemos al producto elaborado. Este culto forma parte de un complejo sistema en el cual nos vemos obligados a producir sin límite para consumir sin límite. Al analizar esta liturgia, se centró en la espiral en la que se había convertido tanto la producción como el propio hecho de consumir el producto elaborado. 

Este punto de partida ha lado lugar a una serie interminables de debates, como la desigual distribución de producción del consumo, la acumulación de capital, o la fagotizacion de los recursos naturales del planeta por parte de una pequeña población en un pequeño periodo de tiempo, hasta tal punto que en el día de hoy  se acaba el presupuesto económico de la Tierra  (según Global Footprint Network, la organización mundial y social de WWF que analiza la evolución de la huella ecológica del planeta). Es decir, que en poco más de medio año hemos consumido todos los recursos que el planeta produce en un año completo, situación que  produce, evidentemente, un inquietante déficit que, en el caso de que o sea cierto, estará marcando un punto sin retorno, como contaba hace un par de día el paleontólogo Eudald Carbonell. 

Volviendo al consumo y a la necesidad de comprar, Erich Fromm se pregunta ¿Por qué a los seres humanos contemporáneos les fascina comprar y consumir, y sin embargo sienten muy poco apego por lo que compran?” En la película El club de la lucha David Fincher  también reflexiona sobre este aspecto y nos lleva a la idea de si somos poseedores del objeto o es el objeto el que nos posee: "¿Entonces qué somos? Sólo somos consumidores. Exacto, el producto secundario de una obsesión con el nivel de vida.". Esta idea nace de la crítica de Baudrillard hacia el consumismo, y su análisis semiótico donde productor, producto y consumidor se sitúan en un mismo plano, y no dejan de ser elementos del mismo orden en el complejo análisis. Acostumbrado a consumir por encima de sus posibilidades es en esta época de rebajas cuando más se pone de manifiesto este comportamiento. Los centros comerciales nos invitan a visitarlos con atractivos y coloridos carteles. En esta invitación, es más que discutible quién es el producto, si el objeto o el consumidor. Un paseo por las capillas de los templos del consumo,  con sus etiquetas coloridas y rebajas a veces del todo imposible nos hacen pensar que realmente somos un elemento más de la cadena y que con el hecho de comprar ayudamos a mantenerlo. Esta sensación de pertenencia a un sistema puede llegar a contrastar con la realidad individual, ya que a veces ese consumo es la mera alegría de consumir, sensación de pertenencia a un sistema: “¿Para qué la salida de emergencia a 10.000 metros de altura? Ilusión de seguridad.”


alfonsovazquez.com 
ciberantropólogo

7 may 2017

Aerotaxis frente a pirómanos; el duro camino de las economías digitales

Desde hace unos meses la prensa se ha hecho eco del enfrentamiento entre los sistemas convencionales de gestión de transporte por carretera y las nuevas tendencias como Uber, Blablacar o Amovens. Taxistas y empresas de autobuses se rasgan las vestiduras contra estos nuevos sistema de consumo de desplazamientos. Con un pensamiento tradicional, sobre la mesa podrían ponerse una serie de argumentos como el pago de impuestos y la regulación legal. Sin embargo, muchas de estas normativas no dejan de ser incongruencias en un sistema económico postindustrial del siglo XXI. Por ejemplo, no es comprensible el sistema de funcionamiento de taxis y el excesivo proteccionismo a la hora de autorizar licencias de funcionamiento. 

Por otra parte, nos hallamos inmersos en una economía digital y esta es un verdad irrebatible. El podio del ránking de las 100 mayores empresas del mundo por capitalización bursátil no admite discusión: el rey geográfico es Estados Unidos y la tecnología es su sector soberano. 56 empresas del top 100 del planeta tienen bandera norteamericana y 16 (24 si se amplía el abanico a firmas de telecomunicaciones) llevan el sello tecnológico.   El caso Apple o Amazon se puede comprender desde un punto de vista tradicional. Sin embargo, Google o Facebook escapan a esta perspectiva, pues su riqueza y su valor se fundamentan sobre una serie de pilares intangibles.

Así pues, teniendo en cuenta los pilares de la economía de la información y su importancia en sociedades modernas,  es del todo incomprensible y no tiene cabida en una economía de libre mercado el mantenimiento de los privilegios del taxi,  un sistema de hermandades con un complicado código de acceso (al igual que ocurre en otros campos, como la farmacia, los expendedores de tabaco). Sin embargo lo que nos trae hasta la reflexión en el día de hoy es el cambio conceptual de una economía industrial frente al la concepción social de una economía digital o del conocimiento. Mientras los taxistas se aferran a sus derechos cuasi medievales de obtención y transmisión de licencias de explotación del servicio, empresas jóvenes, innovadoras y con una clara proyección global están planeando el control de transporte urbano en ciudades como Dubái a través del uso de aerotaxis. Es decir, que mientras los pensamientos más tradicionales en Europa pretenden perpetuar aquello que no tiene sentido, sin importar los medios, Uber invierte y lucha por innovar en proyectos que a día de hoy solamente caben en la cabeza de los visionarios.

alfonsovazquez.com 
ciberantropólogo



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