Consumimos lo que nos emociona. Pero somos fácilmente manipulables y nuestras emociones son programables de manera externa. El psicohacking que ejerce el neuromarketing nos convierte en consumidores típicos y predecibles. Somos transparentes para quien sabe cómo funciona el comportamiento humano. Cierto es que con nuestro paso por las redes sociales y nuestras múltiples interacciones dejamos un rastro digital que facilita las cosas. Pero aún aislados de estas tecnologías del conocimiento, seguiríamos siendo presa fácil.
Reconocer estos trucos que la mercadotecnia usa magistralmente y anticiparnos a lo que el mercado pretende hacernos creer que necesitamos nos puede ayudar a ser más sensatos.
alfonsovazquez.com
ciberantropólogo
La mercantilización de la tecnología ha relegado a un segundo plano al propio hecho tecnológico, al avance en sí, dando predominancia al objeto como elemento de consumo y al momento de la compra. Disponemos de manera cotidiana de tecnología punta y no somos consecuentes ni de su potencia ni del alcance del propio avance en sí. Baudrillard anticipaba como consumidores y consumidos se diluían en un maremágnum semiótico en el que el comprador poseía al objeto, pero al mismo tiempo se dejaba poseer, lo que posicionaba a ambos elementos en el mismo plano, como engranajes sin jerarquía dentro de un complejo proceso social.