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21 jul 2018

De recuerdos y humanizaciones...

La ingeniería biónica está haciendo posible que el ciborg sea cada vez más real. Podemos entender este fenómeno desde una doble vía: por una parte la creación de máquinas y sistemas artificiales que emulen actividades humanas (Inteligencia artificial) y por otra parte la implementación de dispositivos artificiales sobre una base biológica, como ocurre con las nuevas prótesis que emulan de manera bastante satisfactoria  a los órganos  o elementos corporales convencionales. Día a día estas prótesis se asemejan más a su referente biológico y facilitan la vida de las personas que por uno u otro motivo se ha visto privados de su uso. Y cada vez nos acercamos más a espacios impensables para la medicina convencional, como la impresión de órganos en impresoras 3D o la reproducción de retinas artificiales que podrían reparar cegueras hasta ahora incurables. Tan sorprendente es este mundo que  quizá un debate próximo será establecer los límites de la humanidad: ¿En qué momento un sistema de inteligencia artificial podría ser considerado  humano? (No olvidemos que la Unión Europea habla de personas electrónicas  electrónicas que deben cotizar a la seguridad social) Y una segunda encrucijada, quizá más sensible ¿dejaría de  ser humana una persona tras sustituir o implementar en su cuerpo un número determinado de elementos artificiales?

Para encarar con garantías esta situación tal vez deberíamos entrar en escenarios  más inestables y tratar de definir qué es persona  ¿Un embrión es persona? ¿Qué nos hace humanos?  ¿El hecho de nacer humanos? ¿El paradigma social en el que nos movemos? ¿Los sentimientos? ¿Los recuerdos? Por que está claro que la simple agrupación  celular no es suficiente ni siquiera para conformarnos e identificarnos como individuos, ya que nuestras células mueren y son reemplazadas  por otras nuevas constatemente a tal ritmo que en el plazo de dos años todo nuestro cuerpo ha sido renovado:es  decir, mi yo de hoy no tiene nada que ver, a nivel celular, con mi yo yo pretérito. A pesar de ello, los recuerdos permanecen y conservamos nuestra identidad, menuda paradoja. Aunque este planteamiento ya lo presentó metafóricamente Heráclito, cuando afirmaba que era imposible bañarse dos veces en el mismo río, por estar este estructuralmente en constante cambio. 

Alejándonos en el tiempo del concepto  de alma de Heráclito y volviendo a recuperar los recuerdos que citábamos en el párrafo anterior, si pudiéramos transferir gestionar o transferir estos recuerdos entre dos personas, o de una persona a una máquina, estaríamos, en cierta medida, mercadeando con la dimensión más humanificadora que tenemos. Al mismo tiempo, el ficcionario doctor Cooper habría cumplido su sueño: su inteligencia podría ser transferida a un dispositivo digital y pervivir de manera indefinida, sin las limitaciones y debilidades de un cuerpo humano. Black Mirror ya ha fantaseado también con estos extremos, en episodios como San Junipero, donde un enorme ordenador almacena conciencias una vez que sus cuerpos resulten agotados. En Ahora mismo vuelvo un dispositivo artificial genera una réplica de un humano fallecido rastreando la actividad digital del finado y en USS CAllister se plantean la posibilidad de replicar indefinidamente a una persona o lo que es lo  mismo, sus recuerdos y experiencia vital-, con lo que podríamos encontrar a nuestros otros yo y observarnos a nosotros mismo en plan POV. Y menos ambicioso quizás, hace casi tres décadas Douglas Quaid (Arnold Schwarzenegger) en Desafío Total,  ante la imposibilidad de cumplir su sueño, viajar a Marte,  acude a la agencia Memory Call (Rekall en la versión original), una compañía especializada en implantar falsos recuerdos, para disfrutar, aunque sea de manera virtual, del viaje que no podría permitirse de otra manera.

Pero lejos de estar fantaseando con estas reflexiones, nos llega la noticia de que un  equipo de biólogos de la Universidad de California-Los Ángeles (UCLA) han transferido por primera vez un recuerdo entre dos seres vivos. Si bien es cierto  que la experiencia da resultados un tanto rudimentario, reflejos nerviosos en caracoles, abre las puertas a líneas de investigación más ambiciosas como las que hemos reflejado a lo largo de este texto.
alfonsovazquez.com
ciberantropólogo

15 abr 2017

la nueva tv

La prensa  escrita y, en menor medida, la radio se han visto obligadas a migrar a internet De la misma manera la televisión no ha podido hacer otra cosa. Las cadenas convencionales han  ocupado su espacio en la red donde han ofrecido desde señales a tiempo real hasta opciones de televisión a la carta. En cierta medida una mejora del servicio convencional pero no un cambio de concepción real. Es decir, el mismo mensaje en un nuevo medio. Más cómodo, más prolífico, pero nada que no conociéramos

Pero el nuevo medio permite un nuevo mensaje, un nuevo concepto, y sería una pena perder la potencialidad limitándonos a  seguir con el producto tradicional en un nuevo embalaje. Así aparecen Netflix o HBO, unos distribuidores globales de televisión, integrados en la sociedad digital. Ofrecer al  espectador lo quiere ver, en el lugar y momento que quiera es un reto que los dispositivos de comunicación ubicuo solventan con relativa frecuencia. Y una vez que la tecnología está disponible es el usuario quien decide Y parece que la nueva televisión cumple las expectativas del mercado. Ya sea por suscripción individual o por ofertas  integradas en los paquetes de canales que los proveedores de acceso a internet facilitan mediante un sobrecoste adicional en la factura, estas nuevas formas de consumo audiovisual se imponen  día a día.

Sin embargo, no dejan de ser evolución directa del medio convencional. Queda mucho por hacer y mucho por ver. Aunque sea una nueva forma de ver televisión, no deja de ser el principio de un nuevo camino. 

30 nov 2016

Odio nacional, la previsión apocalíptica de Netflix

Desde hace un par de décadas, numerosos colectivos han venido denunciando la reducción del número de abejas en la naturaleza, un insecto imprescindible par la polinización y del que depende, en gran medida, la producción agrícola. En 2014 la UE hizo un primer estudio de mortalidad de abejas que arrojó cifras de entre el 3,5% y el 33,6%, según países. En tal extremo, se ha llegado a afirmar que si desaparecieran las abejas, la humanidad se vería seriamente perjudicada por la dificultad que encontraría para producir alimentos.

El sexto episodio de la última temporada de Black Mirror fue estrenado por Netflix hace un mes. "Odio nacional" (Hated in the Nation)  articulaba su historia en un futuro reciente en el que, debido a  la desaparición de las abejas, una empresa desarrolla unos drones autoreplicantes en forma de tan necesario insecto, para que continuara con las mismas funciones de su homólogo biológico. Sin ir más allá, para no hacer spoiler a los lectores de este espacio, nos quedamos con la casualidad a la que se enfrentaría un grupo de científicos de la Universidad Politécnica de Varsovia que pondrán en funcionamiento el próximo año la primera generación de abejas drones polinizadoras. Sin la trama conspiradora que Netflix monta alrededor del hecho, el ingeniero Rafal Dalewski y su grupo de investigadores presentan un biodron capaz de polinizar plantas y que puede ser programado, indicándole el tipo de flores a polinizar o el espacio geográfico sobre el que actuar. Dalewski bromea afirmando que hace casi todo lo que una abeja de verdad, excepto miel. 

El insecto ciborg también encuentra mercado en la agricultura de precisión permitiendo fertilizar o aplicar pesticidas de manera controlada. Tras una serie de trabajos experimentales exitosos, en 2017 comenzarán a trabajar los primeros  prototipos y en dos años serán comercializados. Sin duda, la tecnología acabará transformando todos los rincones sel planeta y cada día encontramos noticias, como esta, que nos sorprenden.
alfonsovazquez.com 
ciberantropólogo.

6 nov 2016

Caída en picado (Nosedive)

Ha vuelto Black Mirror a Netflix con su visión distópica de las sociedad de la información. Y en su primer episodio retrata una sociedad eternamente conectada, móvil en mano, donde sus convecinos están dispuestos a valorar el más mínimo gesto de aquellos con los que van interactuando a lo largo del día.

Pero yendo más allá, el alcance de esta valoración no se queda en el mundo virtual, sino que condiciona la vida fuera de las pantallas, marcando los eventos cotidianos a los que los usuarios podrían  o no acceder en función de su puntuación. La historia plantea una cierta sensación de asfixia que obliga a actuar de cara a la galería en el devenir cotidiano por estar sujetos a una evaluación constante del otro. Una evaluación externa, anónima a veces, que mantiene una duplicidad de la personalidad voluble en todo momento y que presenta una catalogación del ser humano por parte de iguales, pero asistida por una perversa red telemática.
 alfonsovazquez.com 
ciberantropólogo


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